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De San Egidio

10 de septiembre de 2008 - 09:00 p. m.

Quiero darles mis más sinceros agradecimientos por su buena voluntad, cariño y por su interés profesional e investigativo, que se siente al leer su artículo sobre la Comunidad de San Egidio y la gestión por mediar en conseguir la Paz para nuestros país.

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Igualmente, con mucho respeto quiero mencionar a continuación algunos datos errados que encontré en su artículo de prensa, de los cuales los tres primeros son todos simples equivocaciones, pero el cuarto me parece delicado y me gustaría corregirlo.

1°. No es cierto que un grupo de Caleños hace 12 años conoció a la comunidad en Roma, esto fue en el año 2000, para el Jubileo, organizado por el Papa Juan Pablo II, es decir, hace ocho años.

2°. El nombre de nuestra amiga que trajo en el año 2000 la comunidad a Cali no es Diana Ronderos, sino Eliana Ronderos.

3°. Gracias por lo que a mí respecta, pero no soy un muchacho, pues, cuando en la parte pertinente se comenta sobre las iniciativas que la comunidad adelanta por los pobres en Colombia, refiriéndose al servicio del chocolate en el Parque de las Banderas, dice de “jóvenes como Jesús Jiménez” y quiero confesarle que tengo 48 años.

4°. Es cierto que a la comunidad de jóvenes de San Egidio en Cali asisten 40 niños del sector de Siloé, pero hay un error cuando se afirma que son pandilleros o drogadictos. Estos chicos son hijos de madres cabeza de familia pobres, algunas tienen ayuda de sus compañeros y otras no, pero en ningún momento estos niños, que están en edades entre 6 a 11 años, son pandilleros o drogadictos, son todos hijos de familia. Lo que sí es cierto es que están en una zona de alto riesgo, en donde alrededor de ellos se viven estas situaciones, que son las que tenemos que evitar, para que más adelante ellos no caigan en esto.

No siendo más el motivo de la presente, le reitero mi aprecio y, nuevamente, mis más sinceros agradecimientos.

Jesús Humberto Jiménez Zamorano.  Comunidad de San Egidio, Cali.

Sobre Trujillo

Leyendo sus informes sobre las masacres de Trujillo, vuelve a mi memoria los horrendos días de infamia.

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Soy una de las víctimas: mi hermano Fabio Elías Cardona Vélez (amigo personal del padre Tiberio Fernández) fue muerto violentamente el 17 de diciembre de 1990, dejando a su paso una familia sumida en el dolor y sin el apoyo económico del que dependían sus hijos menores y sus ancianos padres.  Mi madre murió hace 3 años y mi padre tiene 97 años, aún vive.

Nos cansamos de ir a reuniones que no produjeron ningún resultado, y aunque sus familiares no lo habíamos olvidado, sí creímos ya todo perdido. Ahora nos vuelve la esperanza de una reparación justa a tanta impunidad.

Amary Cardona Vélez. Trujillo.

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