No sabe uno si sorprenderse, indignarse o reírse con las declaraciones del presidente Uribe en Honduras, transmitidas por los medios:
“Yo no me acomodo ni con la derecha ni con la izquierda. Yo me acomodo con el trabajo y la cohesión social”. Debe ser una broma…! Tal vez el Presidente pueda decir eso en el extranjero, con la confianza de quien habla sabiendo que no lo conocen ni saben cómo piensa, pero en Colombia todo el mundo sabe que él no es ni de izquierda ni de derecha sino, algo más tenebroso aun, de extrema derecha. El Presidente puede decir lo que quiera fuera del país, pero en el extranjero lo conocen bastante bien y le creen más bien poco. Baste recordar lo mal que le fue en el Parlamento Europeo en 2006.
Walter Obonaga Moncaleano. Palmira.
Mayoría de edad, ¿16 ó 18?
La mayoría de nuestros muchachos de 16 y 17 años son buenos muchachos: son juiciosos, buenos hijos y hermanos, estudiosos, rumberos, alegres y sanos. Para ellos no conviene bajar la mayoría de edad a los 16 porque pueden quedar expuestos a muchos peligros. Para ellos, no estoy de acuerdo con la propuesta.
Pero hay muchos jóvenes de esas edades que prefieren convertirse en hampones: asesinos, atracadores, violadores, secuestradores, en fin. Si estos muchachos son adultos para cometer sus delitos y fechorías, porque así lo ven ellos, también deberían serlo para asumir las consecuencias, enfrentarse a la acción de la ley y pagar la pena. Para ellos, sí estoy de acuerdo con la propuesta.
Pero como las cosas no funcionan así (para los buenos, no; para los malos, sí), entonces, en lo global, no estoy de acuerdo: es preferible salvar a la mayoría, a los buenos. Lo que debe pasar es que la legislación colombiana tiene que endurecer los procesos de juzgamiento y pena para los hampones de 16 y 17 años. No hacerlo sigue siendo una alcahuetería y una vagabundería.
Mario de Castro. Cali.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com