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Desarrollo sostenible sin locomotora

08 de abril de 2012 - 06:00 p. m.

En junio de este año los gobiernos del mundo discutirán «El futuro que queremos» durante la reunión Río +20.

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Esta conferencia debe su nombre a la Primera Cumbre de la Tierra, celebrada hace veinte años en la ciudad de Río de Janeiro.

En la Cumbre de la Tierra nacieron y se concretaron los sueños de los ambientalistas al plantearse compromisos para impulsar el desarrollo sostenible, que se definió entonces como “aquel desarrollo que es capaz de satisfacer las necesidades actuales sin comprometer los recursos y posibilidades de las futuras generaciones”.

En 1992, Río de Janeiro fue testigo de una labor épica para definir un camino hacia el desarrollo sostenible. Así nacieron la Agenda 21, la Convención de la Diversidad Biológica, la Convención de Cambio Climático y la Convención de Lucha contra la Desertificación. Todas las convenciones se dirigieron a un mismo fin: prevenir la degradación ambiental y asegurar la conservación mínima de los ecosistemas.

Llevar a cabo estos objetivos no ha sido una tarea fácil. Los más de siete billones de seres humanos implican una carga enorme en términos de producción de alimentos, generación de energía a partir de combustibles fósiles, provisión de agua potable y manejo de residuos.

Los gobiernos de Colombia y Guatemala lanzaron a finales de 2011 una propuesta para que uno de los resultados de la cumbre Río+20 sea la definición y el acuerdo de una serie de Objetivos de Desarrollo Sostenible, que son similares y apoyan a los Objetivos del Milenio. El liderazgo de esto gobiernos es de gran valor. Sin embargo, ¿dónde quedan los compromisos adquiridos tras las Convenciones de Río que aún no se han cumplido? Por ejemplo, en el caso de la Convención de Cambio Climático, los países con mayores emisiones, como Estados Unidos, aún no se unen a los compromisos internacionales y el Protocolo de Kyoto sigue sin un sucesor.

En la víspera de Río+20, las actividades económicas del hombre siguen dejando grandes huellas sobre la tierra, la degradación ambiental es una constante y los sueños de la Cumbre de la Tierra tropiezan sin cesar. Posiblemente “Nuestro Futuro Común” pregonado a finales de los años ochenta siga siendo “El Futuro que Queremos” de Río+20.

Las preocupaciones ambientales y humanas características de estas reuniones deben trascender el sector ambiental, porque se relacionan estrechamente con temas de la economía energética y productiva. ¿Cuál es la apuesta de los sectores productivos y económicos para Río+20? ¿Son las locomotoras de desarrollo del actual gobierno Colombiano los caminos para el desarrollo sostenible?

*Carolina Figueroa Arango. Politóloga especialista en cambio climático

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