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Destapando la verdad

03 de noviembre de 2008 - 10:00 p. m.

Durante estos meses que lleva El Espectador como diario hemos logrado corroborar su posición crítica, tan necesaria en un país donde la opinión pública sólo podía conocer una parte de lo que piensa la gran prensa. Y, por supuesto, conocer a sus columnistas con mayor profundidad.

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A estas alturas ya tenemos nuestros preferidos, que para mi caso son, hasta ahora, Juan Carlos Botero, Ramiro Bejarano Guzmán, Felipe Zuleta Lleras y William Ospina. El primero nos ilustra sobre las tendencias de la cultura en sus diversas dimensiones con gran conocimiento; los tres siguientes nos muestran siempre elementos de juicio para observar el transcurrir de los acontecimientos que están marcando la historia del país.

Hoy quiero referirme a la última columna dominical de Ospina, relativa al comportamiento del Gobierno y del Ejército sobre las desapariciones de jóvenes que luego son encontrados muertos y disfrazados de guerrilleros. Después de leer su desgarrador análisis queda la sensación de que estamos bajo una dictadura denominada “Seguridad Democrática”, tan cruel y despiadada como las últimas de Chile y Argentina, suficientemente conocidas por su barbarie.

Podrán decir muchos que esta situación viene desde antes de que el actual Presidente llegara al poder. Probablemente sea así, porque todo acontecimiento tiene sus antecedentes. Pero lo paradójico es que esto siga sucediendo con mayor intensidad ahora, en tiempos de la “Seguridad Democrática”, cuando lo que debería estar mostrando esta política es justamente lo contrario: el respeto por lo poderes, el respeto por la vida.

Todo se ha reducido a una posición enfermiza del Gobierno frente a la guerrilla, sobre la cual el país entero sabe que es tan cruel y desalmada como los crímenes de lesa humanidad cometidos por el Estado, en unión de narcotraficantes y criminales de toda calaña.

Un tema que aborda Ospina en su columna es el cuestionamiento a la formación que se está dando en las Fuerzas Armadas. Debería evaluarse y acreditarse como se hace en toda la educación colombiana. Pero un manto de impunidad cubre a la “Seguridad Democrática”. ¿Hasta cuándo esa exigencia de resultados que llevan a actuaciones de un Ejército que parece esquizofrénico?

Bien por todos los demás columnistas y redactores de El Espectador que en todas estas semanas nos han entregado la verdad sin amarillismo.

 Ana María Córdoba Barahona. Pasto.

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