CREO RECORDAR QUE FUE MARguerite Yourcenar quien alguna vez dijo algo así como que judíos y árabes, dos pueblos hermanos que no han tenido la decencia de conocerse.
Porque conocer es mirar al otro sin prejuicios, es escucharlo sin ideas preconcebidas, sin pensar por él, sin adelantar su respuesta. También significa aceptar las diferencias del otro, respetar sus creencias y compartir afectos. Y árabes y judíos no han logrado hacerlo a lo largo de esa larga noche de tinieblas en que viven, siempre con el índice levantado para acusarse unos a otros, nunca buscando la historia y la cultura que los une, siempre empeñados ambos en sentirse excluidos y atacados (y de verdad se atacan).
Esta visión ha encontrado referente en Israel, en uno de los hombres más promisorios, un judío practicante quien antes de cumplir 50 años dirigió la Organización Sionista Mundial y hace algo más de un lustro intentó convertirse en el líder del Partido Laborista, elección que perdió (2001) y que él considera robada por trapisondas detrás de las urnas. Abraham Burg es la persona que se atreve a decir: “Si nosotros no establecemos una identidad moderna de Israel fundamentada en el optimismo, la fe en los humanos y con completa participación en la comunidad de naciones, no tenemos chance de existir”.
Avrum, como es llamado por sus seguidores, por cierto muchos dentro y fuera del país, habla desde su retiro en un vecindario de clase alta en Tel Aviv, desde donde dirige una compañía que reconstruye empresas en quiebra para venderlas. Su libro que ha conmocionado a judíos israelíes y de todo el mundo El holocausto terminó; debemos levantarnos de entre sus cenizas, en hebreo lleva por título Derrotando a Hitler. Y ese titular describe la preocupación de Berg sobre la forma como están prolongando en la juventud ese sentimiento del holocausto, “La masacre nazi de seis millones de judíos se ha convertido en el tema central de la vida israelí, dominándola de tal forma que distorsiona la imagen del país. Los adolescentes son llevados en excursiones a Auschwitz; todo enemigo de Israel (Arafat héroe de Palestina o Ahmadinejad, presidente de Irán) son vistos como la reencarnación de Hitler”.
Se pregunta muchas cosas delicadas y ardientes este hombre de 57 años que lleva su kepa permanentemente y rapa su cabeza en señal de humildad. Y acierta en afirmar que el holocausto se convirtió en la piedra angular de la historia de Israel dejando de lado grandes realizaciones y toda una cultura maravillosa que los de afuera no alcanzamos a vislumbrar. Y también otras, que sí vemos, pero para las que el establecimiento no tiene respuesta, como por ejemplo, que los judíos sigan identificándose por razones genéticas (sólo se es por línea materna), cuando precisamente fueron genéticas las razones que esgrimió Alemania para intentar exterminarlos.