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El colegiode Shakira

21 de marzo de 2009 - 10:00 p. m.

El “periodista” Alejandro Gaviria se atreve (El Espectador, marzo 15), sin haber investigado a profundidad, a citar pareceres suyos que no pueden estar más alejados de la realidad; por ejemplo: es cierto que el colegio es de carácter estatal, pero está funcionando una fundación que, por la gran magnitud de la inversión, no puede soltar de buenas a primeras un proyecto de tan grandes proporciones.

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Luego señala, con algo de verdad, que el Distrito asumió la administración del colegio, pero se le olvida que en nuestro país lo público (y hablo de recursos) no es puntual; sí, el Estado se encargará de su funcionamiento, pero éste se llevará a cabo de manera gradual y los términos de ese acuerdo sólo los conocen las partes: la Fundación Pies Descalzos y el Distrito de Barranquilla.

Más adelante apunta que el colegio está en dificultades y señala algunas. En un proyecto tan grande es más que normal que se presenten estos inconvenientes, sobre todo porque en este caso particular (uniformes y pupitres) dependemos de terceros (proveedores).

En cuanto a los problemas burocráticos a los cuales hace alusión, este proyecto no surge de la noche a la mañana; la Fundación venía ayudando a un colegio muy humilde del corregimiento La Playa, llamado Colegio Distrital El Cañahuate, del cual procede más de la mitad de la población que hoy estudia en el I.E.D. Fundación Pies Descalzos, debido a las características sociales y económicas de los jóvenes que allí estudiaban. De igual manera, y por el mismo convenio entre el colegio y la Fundación, los profesores fuimos seleccionados para laborar en el nuevo colegio, pero no éramos los suficientes para llenar las vacantes, por lo que el Distrito debe enviar nuevos docentes, los cuales, al igual que los que fuimos trasladados, somos profesionales en todo el sentido de la palabra. No entiendo cómo, sin estar inmerso en el proceso, puede Gaviria tomarse el atrevimiento de hablar de clientelismo y repartición de puestos y mucho menos cuestionar la calidad de los docentes que trabajamos en la institución.

Es cierto que la contribución de Shakira pudo haber sido pedagógica y, puede que lo sea, pues ella (porque es barranquillera) no hizo sino dignificar a los desfavorecidos en zonas olvidadas por el Gobierno, haciéndoles comprender que son personas, que eso es lo que se merecen. Este tipo de acciones no deberían ser obra de seres humanos como ella, generosos y desinteresados, sino de nuestros gobernantes (utopía). Las falencias de nuestro sistema educativo no se encuentran en los docentes, son más de fondo, comenzando desde la misma forma centralizada de gobierno que desconoce las características propias de cada región y pretende evaluar a todo un país bajo la lupa de un solo formato; pasando por el olvido eterno en que nuestros gobernantes tienen sumida la educación pública: colegios con pocas o ningunas condiciones sanitarias y locativas, al igual que recursos didácticos escasos, por no decir que ninguno; falta de capacitación puntual y precisa a los docentes; y terminando con el olvido en que están sumidas nuestras comunidades pobres, ya que por mucho que luchemos los profesores, un pueblo con hambre no aprende.

 Candelaria Rojas, Barranquilla.

El padre Aristizábal

Somos una familia que conoció, trató y tuvo amistad con el padre Juan Gonzalo Aristizábal Isaza durante 46 años, razón por la cual el triste suceso ocurrido el día 22 de febrero del año en curso nos ha causado un gran dolor, acompañado de sentimientos de sorpresa, impotencia y rabia, a los cuales se les adiciona la profunda indignación que nos produjo el escrito titulado “Autocrítica”, de Héctor Abad, publicado en El Espectador el domingo 1° de marzo.

El escrito en cuestión evidencia un desconocimiento del entorno social, cultural y profesional del padre Aristizábal, quien fue capellán en las instalaciones administrativas del departamento de Antioquia en más de una ocasión, para gobiernos tanto liberales como conservadores y no sólo en el período del actual Presidente de la República.

También desconoce y malinterpreta la realidad por cuanto el padre siempre fue pelirrojo, siempre fue adinerado y siempre él y su familia fueron propietarios de obras de arte. Además él, aparte de ser sacerdote, ejercía su profesión como educador y como psicólogo, no sobra decir que exitosamente. El padre Aristizábal no decía “sermones”, predicaba la palabra de Dios en el contexto histórico con su aplicación a la actualidad, dentro de los parámetros de la liturgia del día, razón por la cual sus misas eran concurridas por personas de alto nivel intelectual, no dispuestas a perder el tiempo oyendo lo que Abad llama sermones de acendrado moralismo tradicional. Bien se nota que jamás asistió a una de ellas; confunde la petición de generosidad con la denominación de un billete, porque también desconoce las diferentes obras sociales lideradas por él, tales como las casi 400 becas anuales para los niños de Aranjuez, el apoyo permanente a los ancianos del Asilo de Belencito, así como la presencia para dar una ayuda en cuanta catástrofe natural ocurriera, no sólo en Antioquia sino en cualquier rincón de Colombia. También hasta su último día luchó con todas sus fuerzas por ver cumplido el sueño de que la parroquia San Juan Apóstol tuviera la sede para albergar cómodamente a toda la feligresía que lo seguía.

 Es absolutamente inaceptable además que Abad diga verdades sólo a medias, pues si realmente pasó por la Catedral y vio lo más “granado de la burguesía antioqueña”, ¿por qué no dijo también que había cientos de dolientes de otros estratos, incluidos los que llegaron desde las lomas de Aranjuez para darle el último adiós a quien fuera el jefe del núcleo educativo de dicho sector?

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 Clara Betancur, Ligia Betancur, Carlos A. Molina, Katrin Lemberg, Eduardo Uribe, María Cristina Uribe, Virginia Uribe, Isabel Uribe, Mauricio Uribe, Adriana Gómez. Medellín.

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