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El debate por pico y placa

26 de enero de 2009 - 11:00 p. m.

Los 110 días durante los cuales, temporalmente, no podremos utilizar los vehículos deben conducir, también temporalmente, a una disminución proporcional de los impuestos y costos asociados con el uso de automóviles y motos, incluyendo las pólizas de seguro contra todo riesgo y SOAT que se negocien en el futuro.

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Es necesario también considerar el impacto sobre los ingresos de las personas que viven de los carros: mecánicos, pintores, latoneros, cuidadores, etc. No se puede ignorar el efecto que esto tendrá sobre los índices de pobreza y el consecuente aumento en la inseguridad y calidad de vida de los bogotanos. Al poner a circular todos los buses, ¿habrá reducción de la contaminación ambiental?, ¿aumentará?

 Fernando Márquez.  Sociedad Colombiana de Automovilistas. Bogotá.

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El hecho concreto es que esta medida es cortoplacista. Tal como lo han dicho múltiples analistas, lo que se necesita es retomar la idea de un transporte masivo, cómodo, integrado y con la mayor cobertura, tal y como se venía proyectando en alcaldías anteriores.

La idea es retomar la proyección de desarrollo que tenía Bogotá hacia finales de los 90 y comienzos de esta década, empoderar a través de la cultura ciudadana a cada bogotano para que cuide y use lo que es de beneficio público. A la fecha es un hecho que carecemos de vías y que a la solución del transporte público le falta mucho para que termine de elevar la calidad de vida de los ciudadanos, que recibió un buen empujón con Transmilenio hace unos años.

Importante también seguir incentivando el uso de la bicicleta y de la seguridad del ciclista en las vías bogotanas, la cultura ciudadana y la vida del peatón. Por favor, todos somos importantes pero la mayoría nos movemos usando el transporte público.

 Santiago Montoya Chica.  Bogotá.

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Escuchando las declaraciones del alcalde de Bogotá, Samuel Moreno, el sábado 24 de enero, respecto de las nuevas medidas sobre movilidad en la ciudad, quiero manifestar algunos comentarios, en su mayoría elogiosos. En primer lugar, la ampliación del pico y placa a partir del 6 de febrero (ahora de 6:00 a.m. a 8:00 p.m.) es una decisión que afirma, por fin, un talante de izquierda en el Polo Democrático (después del desafortunado desliz, apoyando al retrógrado Procurador Ordóñez). Beneficiará a la mayoría de la población: los ciudadanos de a pie. Me imagino que habrá todo tipo de razones en contra de esta medida. Yo creo que lo principal es la defensa del ambiente, y en ese sentido es más que saludable respirar un mejor aire. El único reparo que haría es que no debería ser una medida temporal, sino, desde ahora, permanente. Ya veo venir sectores que promoverán revocatoria de mandato para el Alcalde, o reducción del impuesto vehicular (por usar menos el carro). Sectores acostumbrados al confort e incapaces de abandonar sus costumbres egoístas. Sin embargo, vale la pena reflexionar, por una vez, en un sentido colectivo. Conviene también recordar que ha habido otros momentos en la historia de la ciudad cuando una medida, en apariencia sencilla y apenas normal, como lo es que los conductores de bus usen un uniforme, le costó la salida de la Alcaldía nada menos que al gran caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán. Esa es, entre otras más (como la estandarización de los paraderos), una propuesta adicional del actual Alcalde: uniformar a los conductores.

Por otra parte, quisiera sugerir algunos puntos adicionales al debate. Empecemos destacando el carácter ético y estético en el que enmarca sus propuestas el Alcalde. Me refiero a su énfasis en el uso del tiempo en la ciudad. Quizá no sea inútil recordar alguna escena de Chaplin o de Buster Keaton en este sentido. Se recordará al obrero sin “tiempo” de Tiempos Modernos y al maquinista sin “tiempo” del Maquinista de la Generala. Allí están esbozadas las dificultades de la vida moderna. La ciudad es hostil para el paseante. Estamos entonces, en nuestro caso, en esta Bogotá del siglo XXI (que en muchos aspectos, para mal, parece todavía la Bogotá de José Asunción Silva) frente a una oportunidad histórica: avanzar en la peatonalización de la ciudad. Allí se pueden seguir ejemplos magníficos como el que nos da Buenos Aires o Amsterdam. En Bogotá sólo conozco cuatro calles peatonalizadas: la carrera tercera (o calle bilingüe) a la altura de la calle 19, la calle 15 (o calle de los libreros) abajo de la séptima, la calle 48 (o calle del Boogaloo) en Palermo y la (falsa) calle del sol en la Zona Rosa. Es positivo igualmente, en esa dirección, la construcción de la alameda peatonal que unirá el Parque de la (in)Dependencia con la Biblioteca Nacional. Sea ésta la ocasión de promover esta medida, que no sólo hará más habitable la ciudad, sino que puede incentivar otras formas de empleo (bien organizado). Otro punto a considerar es la bicicleta. Es hora de seguir el ejemplo de la Universidad Nacional, donde hay bicicletas (gratuitas) para disfrutar el campus. Hay que extender esa idea y, paralelo a ello, organizar parqueaderos masivos para bicicletas.

 Pedro Escudriñez. Bogotá.

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