LA CLASE MEDIA GRINGA, QUE ERA el orgullo de los Estados Unidos y sustentaba el sueño americano de los tercermundistas desesperados (como la mayoría de los colombianos) con su poder adquisitivo y la lujuria del consumo desenfrenado, ahora forma una masa compacta, uniforme y entristecida que, por primera vez en su vida, se ve obligada a usar el dinero en efectivo para sus pagos, una vez que las tarjetas de crédito, el fantástico plástico que todo lo podía, entraron en barrena siguiendo los pasos a la construcción y venta de vivienda. El coloso se revienta por las dos costuras fundamentales de su economía doméstica y no parece posible que se recupere durante los próximos dos años.
Encontrar montones de personas pagando en efectivo o sólo con tarjetas débito es sorprendente: hasta hace un año, apenas, era sinónimo de extranjería, pues sólo los turistas mostraban billetes en una sociedad donde tener muchas cosas y muy grandes era el signo de bienestar, muestra de poder y prueba de estatus. Y me refiero especialmente a los latinos residentes, quienes para el caso funcionan como gringos, que durante esta navidad comentaban en tiendas, abastos, supermercados y centros comerciales que pagaban en billete para estar seguros de hasta dónde llegar, atemorizados por la fragilidad de sus bolsillos y la certeza de no poder enfrentar las cuotas del crédito con la facilidad con que antes lo podían hacer. Se les acabaron las vacas gordas en los Estados Unidos y han entrado en los siete años bíblicos de vacas flacas, algo sobre lo que podemos dictarles cátedra desde sus países de origen que demasiado pronto habían olvidado.
Los centros comerciales y las tiendas de departamentos aunque tocaron a rebato anunciando rebajas de hasta el 75% del precio fijado, en jornadas casi de 24 horas, sin embargo, las ventas no alcanzaron los topes sorprendentemente altos de dos años atrás ni se parecieron a las de 2007. Los mismos aguinaldos se vieron reducidos a la mínima expresión siendo definidos ahora como “cariñitos” con acento lastimero por las mismas personas que compraban cosas baratas, excusándose ante el vendedor de su poca capacidad adquisitiva, mientras éste hacía cálculos y comprobaba cómo su salario por comisión se iba al traste.
La situación en los Estados Unidos es tan dura que se refleja hasta en la inmigración en cualquiera de sus formas: en 2008 las autoridades detuvieron a más de 700 mil ilegales que intentaban cruzar la frontera mexicana frente a casi dos millones que lo intentaron hacer en 2001. Sí, la barrera metálica que ya casi cubre todo ese borde ha surtido efecto pero es indudable que también el país dejó de ser la tierra prometida y los ojos de los migrantes latinos, como los de los africanos, están puestos en la Comunidad Europea.