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En defensa del Papa

24 de marzo de 2009 - 11:00 p. m.

El papel de la prensa es no sólo informar, sino también orientar. Y le cabe, por supuesto, para lograr lo segundo, opinar, exponer y controvertir ideas; es ésta, sobre todo, la función de las páginas editoriales y de las columnas de opinión.

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El Espectador, especialmente desde su reaparición como diario, se ha caracterizado como publicación anticatólica. Casi a diario ocupa sus páginas algún columnista que ataca, no tanto el dogma, como a la moral cristiana, que denigra a las personas de iglesia, —los pastores en concreto— que defienden principios que, precisamente por serlo, son inmutables e irrenunciables.

Hay algo peor aún, y es que con frecuencia asoma la mala fe: sucede cuando se tergiversan o se recortan maliciosamente, para llevar el agua al propio molino, las palabras, las enseñanzas y las actitudes o decisiones del magisterio eclesiástico, haciéndole decir lo que no ha dicho.

Y si lo anterior se hiciera, al menos, con una pizca de altura y decencia periodística, ¡vaya y venga! Pero cuando se cae en la procacidad, en la ofensa, las cosas se tornan intolerables para cualquier lector con un minimum de cordura. Y voy al grano.

El editorial del lunes 23 de marzo, si no fuera por el lugar que ocupa como exponente de la opinión del periódico, resultaría simplemente ridículo. No les cabe escudarse en el fácil expediente de siempre: “El contenido de los artículos es responsabilidad de sus autores y no compromete la opinión del periódico”… Decir, —en un editorial, repito— que: “Este papado ha desechado a los progresistas del Vaticano”… que “el Papa criticó la manera en que los africanos celebran su misa, y sugirió que el carácter festivo y alegre de las misas africanas podría ser un obstáculo para entrar en diálogo con Dios”; que “la manera como estos pueblos expresan su fe, de acuerdo con las declaraciones del Papa, carece de dignidad”…; afirmar que el Papa “pidió retomar las misas penitenciosas (sic), en latín, con sacerdotes de espaldas a los feligreses”… para concluir, después de otras cuantas acotaciones que, sacadas de su contexto, son por lo menos discutibles, que el Papa “debiera tener algún tipo de sanción”. Eso sólo puede hacerlo alguien irresponsable, que a lo sumo ha escuchado algún comentario malintencionado, pero no oyó al Papa, no ha analizado todo lo que él dijo, no se ha tomado el trabajo de estudiar en su conjunto las orientaciones pontificias.

Y qué decir de la caricatura del periódico en esa misma fecha. Es algo que raya en la vulgaridad y en la infamia. No hay derecho a que una publicación que pretende ser seria brinde espacio a lo que quizá podría caber en un vulgar pasquín. Esa caricatura es pornografía religiosa. Imagino que don Fidel Cano se habrá revolcado en su tumba, él, que sin haber sido un paradigma de fe, sí lo fue de altura intelectual y de respeto. Con el Sumo Pontífice puede estarse o no de acuerdo. Pero nadie puede tener al atrevimiento de ofenderlo con semejante patanería, lastimando de paso el sentimiento de todos los que adherimos a la Iglesia católica y a sus pastores.

 Mario García Isaza. Bogotá.

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