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Extradición

19 de mayo de 2008 - 09:11 p. m.

El señor Wálter Rada, profesor de Hostos Comunity College de Nueva York, comenta en su columna del diario La Prensa —palabras más, palabras menos— lo siguiente:

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Si analizamos el traslado el martes 13 de mayo de catorce paramilitares a las cárceles de Estados Unidos, nos damos cuenta de que el presidente Álvaro Uribe está autodestruyendo el proceso de “justicia y paz”, para consagrarse ante la administración del presidente Bush.

Con esta decisión, los más perjudicados son las víctimas de los paramilitares. Asegura el columnista que con esta acción, lo que el señor Uribe busca es eliminar el tema de la parapolítica en el Congreso y además, asegurar su segunda reelección. También habla de una traición a dicho proceso.

Preocupante todo lo que ha pasado en estos días: la extradición de los paramilitares, la Interpol y el computador de Reyes, el posible traslado de la base de Manta a Colombia, las malas relaciones con los presidentes vecinos, las declaraciones del señor Restrepo.

Personalmente considero que en todo esto hay gato encerrado. Amanecerá y veremos. Que no crean los señores que hacen parte de este gobierno, con su presidente a la cabeza, que todos los colombianos sean imbéciles y que engullimos entero lo que algunos medios arrodillados quieren decirnos o mostrarnos.

Lucila Marín de Arias. Bogotá

De puertas abiertas

Soy bogotana (de nacimiento y crianza) actualmente residente en Washington D.C. Como es costumbre, cada año por estos días las embajadas alrededor de la ciudad abren sus puertas al público para dar a conocer algo de los países a los cuales representan. La Embajada de Colombia en Washington abrió las puertas de la residencia este sábado 17 de mayo. Después de haber disfrutado del rico despliegue cultural que se hizo presente en embajadas como las de Haití y República Checa unos días atrás, esperaba con gran anticipación la muestra que nuestra Embajada daría a la sociedad Washingtoniana. Lamento tener que decir que lo que me llevé fue un choque cultural.

No sé a qué país estaba queriendo representar la señora embajadora, Carolina Barco Isakson, pero lo que allí encontré fue una total desconexión con lo que es Colombia. Esto era un edificio fantasmal, con un mapa del país arrinconado en una orilla, las hamacas tradicionales tiradas en una mesa, unas cuantas pinturas abstractas, la música a un volumen no apto para el oído humano y saliendo de una grabadora.

Quizás lo único netamente representativo de nuestra tierra, y casi alegórico de la situación de nuestro país, era una bandeja charolada con un “aperitivo” de bocadillo con queso que alcanzó para los primeros 20 que, al igual que yo, hicieron el recorrido en menos de cinco minutos. En mi opinión, queda muy en claro a qué sector de la población colombiana representa nuestra embajada, que no concibe el pueblo, que no entiende que Colombia es tanto negros y blancos como indígenas como mulatos y que desconoce de los sombreros ‘vueltiaos’ y del barro con que se hacen las diversas artesanías que representan los tantos y tan diversos pueblos del país.

Andrea Moreno Acosta. Washington

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