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Foto impropia

05 de febrero de 2009 - 09:58 p. m.

Quiero presentar a ustedes mi inconformidad frente a la foto que publicaron con el artículo de las opiniones del señor Velásquez el pasado 30 de enero.

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No me parecen apropiadas y sí contraproducentes para todo este proceso que estamos llevando a cabo nosotros como gays. Esa foto no es diciente frente a una relación gay, ya que en ningún momento fueron entrevistados y el hecho que se encuentren cogidos de las manos no indica sinónimo de relación entre ellos; por otra parte, ustedes lo rotulan como “pareja típica gay” y eso no es así…

Permítanme recordarles que así no son las cosas. Así como existen los transformistas, los transexuales, los gays, las lesbianas, ninguno de los anteriores se puede comparar o rotular de una forma como ustedes lo han hecho. Así como en muchas ocasiones ustedes han apoyado a la comunidad LGTB, les pido el favor que con prudencia y mejor proceso investigativo tengan más cuidado con el tipo de fotografías y escritos que colocan. Puesto que en este momento para toda la comunidad homosexual es de vital importancia continuar este proceso de reconocimiento frente a la igualdad en derechos. Pero lamentablemente la comunidad homofóbica se alimenta de este tipo de noticias y equivocaciones para alimentar sus pensamientos poco tolerantes y nada estructurados.

 Tito Marín. Bogotá.

Más sobre Alan Jara

Alan Jara, el secuestrado recién liberado más locuaz que hemos conocido, y en Colombia nos han tocado muchos, en sus primeras 24 horas como hombre libre ha hablado lo que no pudo en los más de siete años que permaneció secuestrado. Ha dicho muchas cosas, ciertas algunas como que “el combustible de la guerra era la crisis económica y social que viven varias partes del país, ya que por falta de oportunidades muchos jóvenes están engrosando las filas de la subversión”, o “que las Farc no están derrotadas”, pero otras, quizás entendibles en cualquier otra persona, como la madre de Íngrid Betancourt, por ejemplo, pero no en alguien que fue alcalde de Villavicencio y en dos ocasiones gobernador del Meta.

En un acto de irresponsabilidad inconcebible, el gobierno de Andrés Pastrana, además de entregarles a las Farc el control político, policivo y judicial de cuatro municipios en el departamento del Meta, como estaba pactado en los diálogos de paz, les encimó el de muchas poblaciones limítrofes, como Lejanías, la población de la que regresaba Alan Jara de inaugurar un puente, el día que fue secuestrado. Cronistas de la época aseguraron, luego del sonado secuestro, que a pesar de estar por fuera de la zona de distensión, la guerrilla fue la que supervisó la inauguración del puente y que hacía más de año y medio que el Ejército y la Policía también se habían retirado de Lejanías. Como gobernador del Meta, el propio Jara fue uno de los críticos de ese abandono institucional.

Hoy, como el secuestrado era él, y el gobierno de Uribe no acepta el establecimiento de la nueva zona de distensión con que las Farc condicionan el intercambio humanitario, sin considerar las consecuencias nocivas para el orden público de toda la nación que tuvo la zona de distensión que le tocó vivir como gobernador y sufrir como secuestrado, descalifica una medida tomada en función del bien común, anteponiendo su caso particular de secuestrado.

 Juan Maal. Barranquilla.

Espacio público

Si usted es un ciudadano observador se habrá dado cuenta cómo el sector comprendido entre la calle 100 y la Avenida N.Q.S. y la carrera 15 y la Avenida 19 en Bogotá, está totalmente invadido de vendedores ambulantes, emboladores, tramitadores, lavadores y acomodadores de carros, vendedores de lotería, limosneros… Con el agravante de que los parqueaderos asignados para ser explotados en beneficio del sector fueron abandonados por el Departamento del Espacio Público e inmediatamente se apropiaron del mismo unas personas que ahora los explotan en su beneficio sin que nadie se lo impida y donde la alcaldesa menor no se da por aludida de los problemas que nos aquejan a diario a los habitantes, quienes dicho sea de paso pagamos los impuestos más caros de la ciudad.

Todas las calles de los alrededores se han convertido en parqueaderos públicos con el beneplácito de las autoridades y, como si esto fuera poco, en las tardes las rutas piratas de buses y busetas hacen de las suyas, se estacionan sobre la transversal 17, en los dos sentidos, en contravía y no hay manera de entrar o salir de los apartamentos. Ya se han enviado derechos de petición a la Secretaría de la Movilidad, a la Alcaldía Menor, al Departamento Administrativo del Espacio Público, a la Contraloría, a la Personería, al Departamento de Planeación Distrital y, ¿saben qué?, no ha habido respuesta de nadie; pero claro, seguramente están esperando que haya un muerto para intervenir, pues esa es la única manera como esta administración actúa; o tal vez están esperando a que los ciudadanos cerremos la calle 100 o la 15 o la N.Q.S. o todas las anteriores para que de esa manera seamos escuchados y podamos mínimamente acceder a nuestras viviendas sin ser obstaculizados ni atropellados por los múltiples vehículos que ocupan las vías, sin ser asaltados por los indigentes que circulan permanentemente, sin escuchar las palabras soeces de los conductores de las rutas piratas que invaden cada día más y más el espacio público y privado. Entonces surge la pregunta: y ahora, ¿quién podrá defendernos?… Esperemos que algún día, esta administración.

 Liliam Otálora. Bogotá.

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