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La agonía del Caro y Cuervo

16 de mayo de 2009 - 02:15 a. m.

Soy investigadora del Instituto Caro y Cuervo desde el año 1976 y he vivido, por lo tanto, la actividad de este instituto bajo las administraciones de los doctores José Manuel Rivas Sacconni, Rafael Torres Quintero, Ignacio Chávez Cuevas, Hernando Cabarcas Antequera y Genoveva Iriarte Esguerra (no menciono al doctor Lázaro Mejía, pues su permanencia como director encargado fue un tanto efímera).

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Como miembro del instituto mencionado, quiero referirme al artículo del día 8 de mayo de Gustavo Páez en Elespectador.com, escrito que agradezco, al igual que muchos de mis colegas, pues muestra su sana preocupación por el presente y el futuro de la única entidad colombiana que se ha dedicado a la investigación de las lenguas del país, de la literaria y de nuestra historia cultural desde hace ya 66 años.

Sí. Nosotros también estamos preocupados porque nuestro instituto, que no es nuestro sino de todos los colombianos, presenta un desvanecimiento paulatino en su producción intelectual como consecuencia de las últimas administraciones que no han sabido dirigirlo porque, tal vez, no han tenido la cordura necesaria para entender que no parten de la nada y que su tarea no es el brillo personal, sino la coordinación de un equipo de profesionales en lingüística, literatura, artes tipográficas, bibliotecología, etc., que aman su trabajo, desean mejorarlo y ambicionan seguir construyendo educación y cultura.

Nunca el Instituto Caro y Cuervo ha sido perfecto, pues sabemos muy bien que la perfección es sólo un anhelo; pero podemos discernir y no faltamos a la verdad al afirmar que estamos muy lejos de la actividad intelectual que conocimos, y muy lejos de la coherencia de las ya lejanas administraciones que mostraron al mundo que en Colombia también se puede hacer ciencia.

Hoy el instituto necesita acciones que le permitan recuperarse del devastador paso de la anterior administración y que además impulsen su progreso y mejoramiento; pero no parece que las actuales directivas tengan estas prioridades, pues sus mayores esfuerzos los están dirigiendo a la decoración de las sedes y a la adecuación de algunos recintos, labor que puede ser importante, pero que es sin duda secundaria frente a la verdadera misión institucional.

 María Stella González de Pérez.

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