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La C.P.I.

25 de agosto de 2008 - 08:56 p. m.

El Gobierno puso el dedo en la llaga, tomó el toro por los cachos, se atrevió a combatir la subversión y el paramilitarismo y gracias al proceso de paz, justicia y reparación emprendido, salieron a flote miles de crímenes cometidos en el pasado ante la mirada complaciente y cobarde de la población, instituciones, gobiernos y autoridades judiciales, que permanecieron indiferentes.

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Paradójicamente, reflejo de esos hechos, recibe la visita inquisidora de la Corte Penal Internacional, atraída por la vociferante y asombrosa actitud de la Corte Suprema de Justicia, que después de autorizar extradiciones de narcotraficantes pasó a cuestionarlas, bajo el pretexto de contribuir a la impunidad de los implicados en la parapolítica. Como si eso fuera poco, ahora argumenta a los cuatro vientos un supuesto complot del gobierno en su contra.

Extrañamente el organismo de Justicia internacional que nos visita, quien por los términos de su misiva previa parece darle un espaldarazo a la Corte, ante justificadas críticas efectuadas por el Gobierno, sobre extraños procederes y actuaciones de magistrados, permanece mudo y miope ante las abiertas colaboraciones y protección de mandatarios de países vecinos con grupos terroristas causantes de crímenes de lesa humanidad, acéfalas de actuaciones judiciales en sus países. La oposición, que ha hecho resonante eco a las críticas de la Corte, sobre la perjudicial intromisión de países vecinos, permanece en tal silencio, que adquiere ya las características de complicidad.

 Ricardo Buitrago. Barranquilla.

Poesía y prosa

Como una gota de agua en el océano de “Las cartas de los lectores”, aporto esta breve disquisición sobre la palabra, ahora que la buena palabra, la palabra independiente, la palabra de El Espectador, va a ser de todos los días, para regocijo de los inermes espectadores (16%) de esta Colombia armada en un 84% entre la idiotez, el oportunismo y la barbarie.

Soy poeta, aunque escribo pocos versos y aunque muchos de esos pocos versos son malos; sin embargo, insisto, soy poeta.

Ser poeta es reflejar y refrescar la vida con el donaire de la palabra oral o escrita; es poner (que no colocar), la palabra en el sitio exacto y en el momento preciso; es decir, por ejemplo, “la noche está estrellada y titilan, azules, los astros a lo lejos”; es decir, por ejemplo, “en un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme”; es decir, por ejemplo, “Padre nuestro que estás en los cielos”; es decir, por ejemplo, “muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento”; es decir, por ejemplo, “si como dijo el griego en el Cratilo, el nombre es arquetipo de la cosa; en la palabra rosa está la rosa y todo el Nilo en la palabra Nilo”; es decir, por ejemplo, “ y era una, y era una, y era una sola sombra larga”; es decir, por ejemplo (este verso es mío, de los que les hablaba antes), “te dejo, Medellín, y en mis recuerdos, grabada quedará tu imagen paisa, como se grabó el sol en tus montañas”.

La prosa, si acaricia el alma, es poesía; y la poesía, si fastidia al corazón, es prosa.

 Álvaro Ocaña Jurado.  Bogotá.

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