La realidad es que la XV Cumbre de las partes sobre el Cambio Climático en Copenhague despierta más escepticismo que esperanzas.
Porque en las discusiones preparatorias que se realizaron en Barcelona no hubo acuerdo entre los países signatarios sobre un tratado vinculante. Hasta ahora no existen ni cifras concretas sobre reducción de emisiones y menos sobre aportes económicos de los países industrializados para afrontar de manera realista los problemas del cambio climático y, desde luego, todo se ha quedado en simples anuncios demagógicos y en cálculos políticos, en donde más prelaciones tienen los intereses económicos que los estrictamente ambientales.
Es claro que ninguno de los países desarrollados están dispuestos a poner en riesgo su desarrollo industrial y a perder preponderancia frente a los otros. Igual sucede con los países emergentes.
La Unión Europea aboga por un nuevo acuerdo vinculante, plantea reducir el 20% de sus emisiones para 2020 y 10% más si existen compromisos por parte de todos los países desarrollados y habla de aportar entre US$32 mil millones y US$75 mil millones para mitigar los efectos del cambio climático, pero el reparto de esas cifras genera controversia entre sus miembros. Por lo tanto, la imagen de unidad que proyecta es más cosmética que realista, debido a las diferencias internas que existen sobre cómo afrontar las metas que se ha planteado.
De manera que se han formado dos bloques, uno liderado por Alemania, Italia y Francia que se oponen a los compromisos sin que Estados Unidos, China y otros países desarrollados y el club de naciones emergentes de India, Brasil y Sudáfrica tengan posturas más claras en cuanto a un acuerdo vinculante que incluya cifras concretas de reducción de emisiones y de financiaciones. El otro lo encabeza Polonia, Letonia, Lituania Estonia, Rumania, Bulgaria, Eslovenia y República Checa, que plantean que “la UE se abstenga de adoptar medidas que no respeten la diferencia de potencial económico entre los Estados miembros”.
Pese a que últimamente Estados Unidos y China anunciaron reducir sus emisiones, el primero en 17% y el segundo entre 40 y 45% por unidad de su PIB en 2020, de acuerdo con los niveles de 2005, todavía no están dispuestos a suscribir un acuerdo vinculante y esa postura hace difícil que se llegue a pactos concretos en Copenhague. Y más aún cuando el gobierno de Obama anunció que no firma ningún tipo de acuerdo mientras el Congreso no apruebe la ley que recorta las emisiones.
José E. Mosquera. Medellín.
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