En primer lugar quiero extenderles mis cordiales felicitaciones y los mejores augurios por la conversión de El Espectador a diario nacional. El legado de libertad, liberalismo democrático, honestidad, pulcritud e independencia que dejaron sus fundadores —mantenido con grandeza por sus antepasados encarnados en el insigne don Guillermo Cano— obligan a Colombia a mantener este diario como una de las joyas de la historia patria.
En segundo lugar, me sorprendió la primera página del segundo ejemplar de la nueva era, en donde aparece que “E.U. podría proponer una base en La Guajira”. Gracias a El Espectador por esta campanada de alerta. Una base militar gringa en La Guajira —o como quieran denominarla— implica graves e irreparables daños: 1. A la supervivencia del hábitat y la cultura de la población nativa, protegida por derechos constitucionales. 2. A la estabilidad del tejido social de la zona, introduciendo perversos vicios de prostitución, tráfico de bienes, cambio ilegal de divisas y muchos más. Los casos de las bases militares en Filipinas —cerradas a muy buena hora por el gobierno de ese país— y de Okimawa en el Japón, son dos de los muchos ejemplos de la desastrosa experiencia de bases militares estadounidenses. 3. A las relaciones exteriores del país, ya de por sí resquebrajadas y en estado crítico, especialmente con nuestro sensible vecino del Norte, que aislarían aún más al país del ámbito de Latinoamérica y el Caribe, y que nos podría acercar peligrosamente a una no deseada confrontación bélica con Venezuela.
Si la seguridad del Estado colombiano y el bien común de todos sus ciudadanos dependen del establecimiento de una base militar gringa en el territorio nacional, el último sitio idóneo para ello sería la Península de La Guajira. En la vasta geografía colombiana pudiere existir algún lugar para salvar la estabilidad de la Nación sin los impactos catastróficos que esas bases conllevan. De seguro muy difícil encontrarlo. Así que parafraseando a Don Quijote podríamos decir: “Peor es meneallo, amigo Sancho”.
Guillermo Orjuela Bermeo. Bogotá.
Me parece que está muy mal lo que está pensando el embajador de Estados Unidos de instalar una base militar en La Guajira. En vez de pensar en eso, por qué no monta unas empresas en la zona. Él no ve la pobreza que hay aquí, acá no hay trabajo, hubo un tiempo en que dijeron que iban a montar una refinería, ¿qué hicieron? Se la llevaron para Barranquilla. Él o el señor Uribe no se dan cuenta de que una provocación al Estado venezolano desataría una guerra y, ¿quiénes serán los primeros en caer? Los maicaeros, los guajiros en general. Pienso, entonces, que sería espectacular que La Guajira se independizara. El departamento es el más rico de Colombia y el más pobre por el manejo del Gobierno. Si se independizara tendría gas, carbón, energía eólica, sal y muchos otros recursos. Nos convertiríamos en un país donde el comercio sería libre, además de ser el paso principal entre los dos países y la entrada a Suramérica. Me da tristeza el pensamiento del embajador y la labor del Presidente con respecto a La Guajira. Este es mi pensamiento y sé que es compartido. Ojalá se les olvide la idea, como a mí se me podría olvidar lo de la independencia (idea descabellada, pero razonable).
Gian Pierre. Riohacha.
Por el béisbol
Gracias, este país necesitaba otro diario nacional y muchos más. Sólo quería comentarles que en Colombia hay una región de ocho millones de habitantes que no tiene mucho interés por el automovilismo o el golf. No digo que no se informe, sino que se amplíe el espectro hacia nuestro béisbol. Tenemos un cartagenero y un barranquillero en Grandes Ligas, y no de segundones, haciendo historia. Han ganado series mundiales con sus equipos y han sido Guantes de Oro. Son buenos, vienen de abajo y no hacen espectáculos ni pataletas como Camilo Villegas o Montoya, ni como el ciclista Botero. A nosotros no nos gusta mucho el ciclismo, pero antes los boyacenses humildes nos despertaban cariño y solidaridad.
Antonio Romero. Barranquilla.