BRASILIA SE HA CONVERTIDO EN EL centro de la Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, órgano subsidiario de la Cepal, encargado de identificar las necesidades de las mujeres en la región y realizar evaluaciones periódicas del cumplimiento de los acuerdos.
En el marco de esta conferencia se ha socializado el documento ¿Qué Estado para qué igualdad?, pregunta que de entrada plantea todo un reto en materia política y de derecho para los Estados participantes.
El documento señala la necesidad de enfocar las políticas en conciliar la vida laboral y la vida familiar, y advierte que el desafío de los Estados y de la sociedad está en promover acciones para que la mujer supere los obstáculos personales que le impiden responder de manera adecuada en el mundo laboral, en el contexto del ejercicio del poder o en el desarrollo de su ciudadanía. La igualdad que plantea la Cepal hace referencia no sólo a las oportunidades, sino al ejercicio efectivo de los derechos. Se trata de una redistribución laboral, económica y familiar de las responsabilidades, donde, en palabras de Nancy Fraser, mujeres y hombres sean a la vez cuidadores y proveedores.
Pero para que esto suceda es indispensable que haya un reconocimiento social del trabajo doméstico. Según algunas mediciones realizadas en Colombia, las mujeres trabajan en promedio 11,6 horas más que los hombres en la ciudad y 15 horas más en el campo. Las mujeres están dedicando casi tres veces más tiempo que los hombres a las actividades del hogar y cerca del doble en el cuidado de los niños, al igual que en el cuidado de personas mayores y discapacitadas (Villamizar, 2009).
Las mujeres en su mayoría tienen muy poco tiempo de ocio, o tiempo libre, y la inserción en el mundo laboral se ve muchas veces condicionada a que la mujer cumpla con dos jornadas laborales, la doméstica y la remunerada. Los estudios demuestran que esta desigualdad es una constante, independientemente del tipo de hogar o de las características socio-demográficas y económicas, es decir, tiene origen en el hecho de ser mujer.
De esta manera, las mujeres tienen amenazado su tiempo, pues la injusticia en la distribución de éste y del trabajo en el hogar atenta contra su propia libertad. Y para lograr este cambio, el rol del Estado es fundamental. La política laboral y social debe asumir más servicios de cuidado, lo que implica costos tanto para el Estado en la creación de estos servicios, como para los hombres asumir labores dentro del hogar.
* Ex senadora, cecilia@cecilialopez.com.