Carlos Lleras tropezó con mil obstáculos para que se expidiera una ley de reforma agraria, la N° 135 de 1961, que fue moderadamente progresista, por la necesidad de hacer acuerdos con sectores conservadores de ambos partidos.
Los liberales de avanzada, encabezados, claro, por Lleras, y dentro de los que estaba yo, que fui su asistente en la redacción del proyecto inicial, la hubiésemos querido más progresista. Con todo y eso, su ejecución fue imposible, salvo en dos o tres puntos del país. Pero seguía siendo una piedra en el zapato de los terratenientes, que en el gobierno de Misael Pastrana propiciaron un Acuerdo, bautizado por el nombre del sitio donde se reunieron quienes lo impusieron: Chicoral. Se dice de él que fue el entierro de la reforma agraria soñada por Lleras.
Pues bien: el Acuerdo de Chicoral es el producto del desviacionismo de izquierda de que acusaba Stalin a Trotsky y que pretendió revivir Mao, con su Revolución Cultural, si se lo compara con la reforma agraria venezolana.
Claro que, como me dijo algún terrateniente del Valle, en la época en que fui subgerente del Incora, la ley es como un violín: con un buen ejecutante, suena mejor.
Desgraciadamente, para la reforma agraria que requiere Latinoamérica, la legislación venezolana no es exactamente un Stradivarius.
Bernardo Carreño Varela. Bogotá.
Política y paz
Los miembros de ‘Colombianos y colombianas por la paz’ han manifestado, en múltiples ocasiones, que al promover a través de su gestión mediática la liberación de los secuestrados por las Farc, sólo les anima un propósito altruista.
Claro que la mayoría, aprovechando la imagen lograda, ha decidido conformar una lista para aspirar al honorable Senado de la República y devengar la módica suma de $21 millones mensuales y además disfrutar de pasajes y viáticos para visitar a los vecinos que protegen a las Farc, con quienes les gusta aparecer en fotos, dándose besos.
José Ballén. Sasaima.
Fallo en derecho
Cuando una de las altas cortes emite una providencia o un “fallo en derecho”, con un resultado de la votación de 5 a favor y 4 en contra, uno se pregunta: ¿cinco lo hicieron en derecho y cuatro en contra del derecho? ¿Finalmente uno de ellos decide?
Orlando Urdaneta Ballén. Cali.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com