Para mí, modesto abogado jubilado, otro fallo insólito de la Corte Constitucional a través, no de su Sala Plena, sino de una recortada Sala de Tutela (dos y un salvamento de voto).
La anulación de un laudo arbitral, para el caso no importan las partes, en ese momento —óigase bien!— sujeto a recurso de anulación ante la Sección Tercera del Consejo de Estado. Anulación so pretexto de la violación del debido proceso, precisamente la garantía que dizque dice respetar en primer término las normas de competencia.
Estimo que a lo sumo la Corte Constitucional debió suspender los efectos del laudo hasta tanto el Consejo de Estado decidiera lo de su resorte.
Pues bien. Esta “joya” permite una vez más, afirmar lo que he venido sosteniendo en mi cátedra universitaria: la Corte Constitucional, de guardiana de la integridad de la Constitución (su rol más significativo en un estado de derecho), pasó a ser la Constitución misma. Por eso aquí quiero preguntar: qué diferencia existe entre el postulado aquel del absolutismo monárquico y el lema de nuevo cuño: ¿La Constitución soy yo?
Carlos Betancur J. Ex presidente del Consejo de Estado.
Las peores cárceles
El ranking de las peores cárceles del mundo (aún abiertas), publicado por El Espectador (miércoles 18-II-2009), tomado de la revista Foreign Policy, nos obliga a reflexionar sobre los colombianos que están en ellas. Hace algunos años supe de dos compatriotas en la prisión de la Santé, en París, por un cura franco-chileno de una parroquia del 14eme arrondisement. Como lo recuerda el artículo de Foreign Policy, ha habido célebres presos como el poeta Apollinaire. Por el cura supe que uno de los dos colombianos presos allí respondía al nombre de Róbinson (nunca supe su apellido) y me contaron que había caído allí por una redada de drogas. Al parecer, el hombre estaba limpio pero tenía malas compañías en el hotelito donde vivía. Claro que me acuerdo de la Prisión de la Santé. Bajando por la ciudad universitaria, dándole la vuelta al barrio por los lados del parque Montsouris (el vecindario predilecto de Cortázar), se llega a ese extraño sitio, de largas y altas columnas de ladrillo y alambrados, que parecen salidos de un campo de concentración. ¿Qué habrá sido de la suerte de ese Róbinson colombiano? A lo mejor fue uno de los 194 que logró, con éxito, suicidarse. La prisión de la Santé (literalmente “la salud”) no aparece en las guías turísticas parisinas y pocos cantantes se han ocupado de ella. Creo que valdría la pena preguntarse también cuál es la situación de las cárceles en Colombia. Yo sé de una, que aunque ya está cerrada, estoy seguro de que pudo hacer parte del top 5 de las peores del mundo en su momento. El año pasado, Fernando Araújo Vélez y Paul von Leopold escribieron sobre ella en El Espectador. Recuerdo su titular: “La casa de las torturas”. Se referían al antiguo SIC de la calle 12 con carrera 3a. En su momento no me atreví a escribir sobre eso, pero yo alcancé a estar detenido allí un par de días. Es el peor recuerdo de mi vida. Me salvé de milagro, porque uno de los guardias resultó ser un compañero del colegio departamental donde estudié. Hace algunos días, un amigo literato me dijo que a un escritor chileno le había ocurrido algo así y que eso hace parte de una de sus novelas. Sin embargo, no me supo decir quién era ese escritor. ¿Alguien sabe de quién se trata y cuál es la novela?
Pedro Marín. Neiva.
Por el “derecho” al beso
El Espectador del miércoles traía una noticia insólita: en Inglaterra se prohíbe besarse en la estación Cheshire. Parece un argumento para un cuento de Cortázar, una versión “revolution” de Rayuela, alrededor de los cíclopes. Es inconcebible hasta dónde nos quiere llevar esta sociedad disciplinaria, que parece estar anclada todavía en el antiguo régimen. ¿Prohibido besarse? ¿Se requiere un permiso entonces para besarse? El artículo nos dice que se crearon “zonas de no besadores y de besadores”. En función del “bien público” y de la movilidad de los pasajeros, se restringe el deseo y pareciera ser un problema que las personas se despidan con un beso en la boca. Esta sociedad dice no tener tiempo para nada y, sin embargo, depende del tiempo libre para sostener este infame sistema de explotación del hombre por el hombre. Ojalá se avecinen nuevos “mayo del 68”, que no sean sólo nostalgias basadas en libros editados por tibios revolucionarios. Prohibido besarse nos dicen en Londres. Espero que esta medida no se adopte en Bogotá, en aras de la “movilidad” y del consumo.
Aferrémonos a Cortázar, y cual paseantes suyos en una película de Antonioni (Blow up), digamos: “Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca; voy dibujándola como si saliera de mi mano; como si por primera vez tu boca se entreabierta; y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar; hago nacer cada vez la boca que deseo…”.
María Villarreal. Bogotá.
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