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Los versos salvadores

24 de noviembre de 2008 - 07:58 p. m.

El artículo “Los versos salvadores de Miguel Hernández”, firmado por Nelson Fredy Padilla y publicado en la edición del domingo 23 de noviembre, es un canto a la libertad y a la vida, de dos almas gemelas, la de Óscar Tulio Lizcano y la del poeta Miguel Hernández.

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El primero, secuestrado en las oscuras tinieblas de la selva inhóspita, y el segundo, quien se pudrió y murió en los calabozos de la dictadura franquista. Parece que Hernández hubiera escrito sus versos para que fueran leídos por Lizcano durante su cautiverio y le sostuvieran con vida en esos seis años de un horror sin límites.

Para que a los secuestrados no se los trague la selva, el 28 de noviembre marcharé para hacerles sentir que no están solos, así como para clamar por su libertad y su derecho a la vida.

Alfonso Cano Isaza. Bogotá.

¿Para qué sirve el “poder mayoritario”?

Algunos medios insisten en haber advertido a tiempo sobre DMG. Se cita al congresista Guillermo Rivera como el primero en haber dado anuncio oficial a la Fiscalía sin respuesta oficial alguna por allá en 2006. La senadora López afirma haberlo hecho reiteradamente en el Congreso desde comienzos de 2008. La Fiscalía, sorda receptora de unas y otras “alertas”, nunca generó alerta alguna. El Gobierno aparece con su Presidente distrayéndonos con mea culpas superficiales. Y en este ir y venir de ruidos, el ciudadano que ejercía como Superfinanciero ha sido el único capaz de asumir una responsabilidad seria abandonando su cargo.

Surgen de aquí estas preguntas: ¿Por qué tantas instituciones dicen haber advertido sin producir efecto alguno en la ciudadanía? O, con otras palabras, si las instituciones sociopolíticas están diseñadas para proteger al ciudadano en su vida, honra y bienes, ¿por qué en este caso el derrumbe de algunas pirámides ha cobrado vidas, roto honras y evaporado bienes sin cuenta? ¿Qué responsabilidad les cabe a los llamados poderes mayoritarios del Estado en esta suma de estropicios? A esta hora sólo sabemos de excusas, de discursos, de “pedagogías” y decretos trasnochados, en fin, de la reaparición de un aparato circense ya conocido que impide conocer de respuestas serias, responsabilidades coherentes y asunción de costos políticos específicos. Al tiempo que en una de las pistas del circo se anuncia que las mayorías somos las que vamos a responder ofreciendo nuestros impuestos para darles créditos blandos a los ciudadanos improvidentes víctimas de la improvidencia política imperante.

Durante los últimos meses, algunas advertencias académicas han dado pruebas de esta erosión creciente en las instituciones colombianas. Pero, ¿quiénes les hemos puesto cuidado? ¿Quién ha profundizado en el tema? ¿Qué papel ejercen estos académicos en el gobierno de las mayorías? Vale preguntar entonces: ¿Al Ejecutivo se le escucha o sólo “se le da coba”? ¿En verdad se gobierna desde Palacio o sólo se emiten diatribas y decretos improvisados? ¿Qué ha significado el presunto poder mayoritario del Ejecutivo ahora que sus mayorías necesitaron obedecer dictámenes, seguir reglas y adoptar medidas responsables?

Bernardo Congote. Bogotá.

Cansado de las pirámides

He sido comprador frecuente de El Espectador. Pero en la última semana he visto lo que en mi concepto es un exceso en el despliegue que se le ha dado al caso de las pirámides. Está bien tratar el tema, pero no darle el espacio que se le ha dado durante los últimos días.

Por favor, ¿cuál ha sido el espacio que su periódico le ha dado al tema de las avalanchas y a los problemas de los volcanes nevados, además del invierno y cuál al de las pirámides que ya nos tiene cansados?

El periódico es muy bueno y va muy bien, pero cuidado con los excesos

Pedro Ojeda Olaya. Bogotá.

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