“La mano de narcos y paras en la palma”, “En la ruta de los Castaños” y “Desplazados y productivos”, son, entre otros, titulares de artículos publicados en la edición de El Espectador del pasado fin de semana, en los cuales se hace referencia a algunos aspectos de la actividad palmicultora de nuestro país, cuyo contenido en general dista en mucho del mensaje que dichos titulares insinúan.
Debido a que, periodísticamente, el titular es el llamado principal de la noticia, que encierra en sí mismo el acontecer que se narrará en el cuerpo de la misma, un lector desprevenido, con poco tiempo para leer los contenidos e interpretar debidamente la información, queda sin duda alguna desinformado.
¿Cuántos colombianos se quedaron sólo con esa información, enfocada sobre hechos sin duda repudiables que afectan un área no superior a 3.000 hectáreas de las cerca de 330.000 sembradas en palma de aceite? ¿Cuántos compradores internacionales de aceite de palma leyeron en internet estos titulares? ¿Cuántos inversionistas, que pensaban en Colombia como alternativa futura de inversión en palma, se desmotivaron? ¿Cuántos campesinos creyeron que podían emprender solos un proyecto de palma sin necesidad de acompañamiento empresarial, encaminándolos a un futuro incierto? ¿Cuántos productores honestos y laboriosos quedaron con la sensación de que no se hacía justicia a lo que verdaderamente representa el sector?
Más de cincuenta años haciendo patria, invirtiendo y cultivando a pesar de la presencia del conflicto armado, arriesgando el patrimonio y en algunas ocasiones hasta la vida, generando desarrollo agroindustrial en el cultivo de la palma de aceite, implementando proyectos de impacto ambiental y social favorable, y luchando contra adversidades de variada índole que afectan los cultivos, representan esfuerzos que, por el particular manejo de la información descontextualizada, pasan a un último plano ante la mirada atónita de sus lectores al lograr el cometido de atraer con un titular la atención del público.
Fedepalma es la primera interesada en que exista veracidad, objetividad y total transparencia en cuanto a las realidades que están circundando los cultivos de la palma de aceite, porque incluso con ello se aleja a los inversionistas que pretenden incursionar con dineros de dudosa procedencia en el negocio palmero; pero es necesario que la información sea impartida alejada del sensacionalismo, que refleje su verdadero contexto, para construir mancomunadamente, entre todos los frentes de desarrollo empresarial colombiano, un mejor país y un futuro promisorio y ejemplificante para las nuevas generaciones.
Jens Mesa Dishington. Presidente Ejecutivo de Fedepalma. Bogotá.
Editoriales
Excelentes los dos últimos editoriales, que siguen la línea trazada por don Fidel Cano en el primer editorial de El Espectador el 22 de marzo de 1887.
El primero es un llamado a la marcha del 4 de febrero por la libertad de todos, no de unos pocos, los secuestrados y por la paz, en oposición a la guerra. Creo que la gran mayoría de los que marchamos ese día seguimos los lineamientos de ese editorial.
El segundo, complemento del anterior, es el de no aprovechar esa marcha, como si hubiese sido un plebiscito a favor del presidente Uribe, para pedir la segunda reelección del mismo, a todas luces inconveniente, como lo fue la primera, incitando a modificar la Constitución de Colombia cada vez que ese cambio favorezca a unos intereses particulares.
Alfonso Cano Isaza. Bogotá.
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Felicitaciones por sus excelentes editoriales, especialmente el de la semana del 17 al 23 de febrero en curso. Interpretan bien la realidad nacional, haciendo oportuna pedagogía para relievar los derechos ciudadanos, particularmente la libertad de opinión. Sigue escribiendo muy bien la magnífica historia de El Espectador, que en su lucha permanente por los derechos del hombre común y corriente, ha sido víctima del asesinato de Don Guillermo Cano y la destrucción material del periódico, porque su espíritu y conducción es lección diaria de libertad democrática.
Agustín Escandón Peña. Cali.
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Muchos lectores escribimos reclamando de El Espectador que se corrigieran las acusaciones de carácter general que injustamente habían sido lanzadas contra el Ejército Nacional. Estamos cansados de que a los militares se les condene moralmente, mientras los verdaderos asesinos rondan libremente por las calles, el Congreso de la República y hasta alguna Gobernación. Leí con tristeza “La manipulación de un editorial” (El Espectador del 17 al 23 de febrero) donde vuelve la generalización: se nos califica a los suscriptores disidentes como “algunas voces malintencionadas y perversas”. El Espectador puede apoyar y hasta promover cuanta marcha se le ocurra. Lo que no puede hacer es tomar partido en apoyo de las Farc y sus voceros.
Ernesto Villamizar Cajiao. Bogotá.