LAS TELENOVELAS DE 2008 LLENAS de capos, tetas, violencia y plomo seguramente fueron creadas con una buena intención, pero como esos seriados se miden por sus efectos, además del rating, es asombroso lo que han logrado: fortalecer el paradigma del traqueto, porque se les escapó el detallito supremo: las telenovelas son para los colombianos pan de recreación, suero de ensoñación, alimento de la imaginación, confirmación de la realidad y marcan comportamientos.
Desde esos puntos de vista han hecho un daño irreparable: hay toda una población sin distingo generacional que pidió de aguinaldo llegar a ser como Pablo Escobar, tener la suerte de El Gordo o al menos recibir una escuadra nueve milímetros de juguete (meten el pego de forma aterradora). No valió que los mafiosos terminaran mal, eso no cuenta en la imaginación enfebrecida de los sin futuro que las siguieron: recuerdan los carros último modelo, el chofer y los lavaperros al servicio de las doñas, las modelitos divinas y regaladas, las casas de lujo, las haciendas con jacuzzi llenas de ganado, los caballos de paso fino, en fin, la vida suculenta y exorbitada que recrearon tan bien libretistas y escenógrafos, aun con toda la lobería de sus decoraciones espantosas.
Lo afirmo porque me he dado en preguntarles a menores de 16 años qué quieren ser cuando grandes y, ¡vaya sorpresa!, el nombre de Pablo Escobar salta como paradigma y ellas sólo quieren tener el trasero y las tetas del clon de Natalia París. En los juegos infantiles de barrio he descubierto que han incorporado a esos nefastos personajes como héroes y todos se pelean por interpretarlos, sin recordar que hoy están desperdigados en cárceles gringas o extraviados y sub iúdice en el anonimato.
De manera que las intenciones serían recreativas y algunos afirman que educativas —“esto es lo que no se debe hacer”—, pero de los pocos capítulos que vi, nunca terminaron con una moraleja y más bien llegaron a parecerme muy humanos y cariacontecidos porque tenían a la DEA sobre los talones, pero como también mostraron a todo tipo de agentes de las fuerzas de seguridad nacionales y gringos como corruptos y sobornadores (que muchos lo fueron y lo son, quién lo duda), la supuesta cátedra moral se diluyó en el paraíso del consumo y la posesión de cosas por la vía más rápida: lo sucio, lo ilegal.
Sí, efectivamente es realidad, pero hacerla un gota a gota de la imaginación y los sueños de varias generaciones que están en la olla, que por sus condiciones no tienen capacidad de discernir porque el hambre y la pobreza son pésimas consejeras… es irresponsable. ¿Y la bendita Comisión? Mascando el tercer y el cuarto canales. Una pena que los tiempos de Gaviota, Café y Betty la fea hayan pasado para abrirles espacio a estos adefesios de alto rating que golpean al corazón de la familia.