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Pico y “lata”

06 de febrero de 2009 - 09:44 p. m.

Numerosos habitantes bogotanos están dando “lata” con la extensión total del Pico y Placa. Como es propio la “lata” carece, en general, de argumentos confiables y busca, en general, solamente engañar.

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Bogotá cuenta con aproximadamente 15.000 kilómetros de vías por las que sin Pico y Placa caminarían a 28 km/hora un millón de vehículos particulares-día. En estos carros sólo se desplaza el 20% de los pasajeros-día, mientras que Transmilenio mueve aproximadamente el 16% de los pasajeros en unos 1.300 buses y el caótico transporte busetero moviliza el 64% de los otros pasajeros-día.

A pesar de su rotunda inutilidad urbana, cada año aumentan los automóviles nuevos. Por ejemplo, entre junio 2006-2007 las ventas de la industria de automóviles en Bogotá subieron 47% frente al 32% nacional, de modo que la ciudad absorbió el 69% del crecimiento de las ventas colombianas. Una industria que, para peor, genera pocos empleos directos, no es competitiva y se gasta una alta proporción de las divisas disponibles importando partes para ensamblar o traer vehículos terminados. La otra cara de la moneda es que sumando los planes de corto y mediano plazos, en Bogotá si nos va bien tendremos en el año 2020 unos 3.000 kilómetros más de vías, equivalentes a un 19% adicional sobre el inventario actual. Las cuentas del mercado indican, por tanto, que mientras los carros aumentan anualmente al 32%, las vías van a crecer en los siguientes 10 años a una tasa interanual del 1,9%, de modo que cada año aparecerán 17 veces más carros nuevos que vías nuevas. Ello explica por qué no hay fórmula inmediata distinta a la restricción vehicular para subsanar el problema, incluso una vez terminadas las 145 obras que hoy están en marcha. Aclarando, además, que como lo del carro personal es una patología urbana premoderna, los enfermos de carro particular pretenderán utilizarlo incluso cuando se construya el metro de modo que para esas fechas los veremos a todos de nuevo “dando lata”.

Los bogotanos queremos alcaldes que hagan obras, pero los sancionamos cuando las hacen. Además, que las obras no levanten polvo ni que nos cuesten más impuestos. Queremos nuevas vías, pero ya y sin pagar peajes. Queremos una ciudad mejor, pero que no nos cueste. En suma, queremos vivir en Bogotá actuando como campesinos que tienen un caballo de lata amarrado a la puerta de la finca, antes que sumarnos a la cultura constructiva del transporte colectivo. En suma, no queremos pico y sólo damos “lata”.

Bernardo Congote. Bogotá.

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