La crisis de las pirámides deja una gran lección para el sector financiero: no se puede abusar con intereses por mora, cuotas de manejo, cobro hasta por averiguar el saldo, porque se incentiva al ahorrador a buscar alternativas ilegales.
Propongo eliminar el 4 por mil y las cuotas de manejo de tarjetas débito, que se comen los intereses, para estimular el regreso de los ahorradores a la banca legítima.
Javier Ardila Molina. Cartagena.
Cauca, en cuidados intensivos
La grandeza del viejo Cauca es simplemente cosa del pasado y, de hecho, el ingente aporte que sus hombres hicieron a la arquitectura de la República, ha quedado sepultado en la noche de los tiempos, sin que de verdad haya recibido nada a cambio. Lo cual se vuelve evidente cada vez que, como en los días que corren, parece haberse abierto la caja de Pandora, con sus melifluos designios.
El Cauca de hoy es como un hijo expósito que se debate entre la vida y la muerte ante la pasmosa indiferencia de sus dirigentes, tanto del sector público como privado. Popayán, su ilustre capital, otrora madre nutricia de la patria, se desvanece como un bonito recuerdo en los anales de la historia, sofocada también por la inseguridad, el desempleo y la carencia de oportunidades para las nuevas generaciones ilustradas que día a día salen de los claustros universitarios y tecnológicos.
Hoy, la macabra procesión de las víctimas cobradas por las fuerzas desbordadas del Nevado del Huila, particularmente en la región oriental —Belalcázar, Inzá y la zona indígena—, se resiste a dejarse vencer en el escenario dantesco, por el tristemente célebre episodio de las estafas, que significó, ni más ni menos, la muerte insepulta de miles de familias que entregaron sus ahorros, sus préstamos y su propio futuro a los defraudadores. Gentes desprotegidas que hoy deambulan sin rumbo en los sórdidos parajes de sus propias pesadillas sin fin.
Cerca de 40.000 caucanos depositaron más de 200.000 millones de pesos, equivalente al 6,19% del PIB de la región y se estima que en las cuatro ciudades principales, víctimas del despojo, entre las cuales se cuenta Popayán, se habrían realizado más de 90.000 captaciones ilícitas. Cifras inverosímiles que “hipotecan” casi de manera irredimible el futuro de las gentes deprimidas y pobres del Cauca. De ahí la importancia de la pronta y urgente adopción de medidas de choque, al amparo de la declaratoria del Estado de Emergencia Social —tal ves la única oportunidad para probar la eficacia de esta figura supralegal—, como el diseño de un Fondo de Salvamento y Solidaridad, al que deberá por ética y por olvidada responsabilidad social concurrir el sector financiero y la banca en particular. Para que cancele, así sea en mínima parte, la enorme deuda que tiene con el país, en especial con los más pobres, desde las décadas de los 80 y 90, cuando todos los colombianos contribuyeron a su salvación. El impuesto del 4 por mil es tan sólo un dramático y patético ejemplo. Como acaba de ocurrir con la crisis de EE.UU., esta fue la versión criolla de la “socialización de las pérdidas”. Hoy, la banca colombiana debe dejar a un lado la ciega soberbia que se apoya en sus pingues ganancias —cerca de 10,7 billones en el período pasado—, y coadyuvar en el tratamiento de la tragedia.
Los presidentes de las Comisiones Económicas del Congreso de la República, caucanos ambos, tienen, igualmente, un enorme reto, para impedir que el departamento procero muera por inanición, por indolencia y por desatención a sus heridas mortales.
Pero es asimismo, la ocasión propicia para que el país entero le devuelva al Cauca tan sólo un poco de los laureles que esa región le tributó con creces. Solidaridad y acompañamiento de todos los sectores es lo que se reclama con suprema urgencia.
Si así no ocurre, no alcanzamos a imaginar qué pueda suceder en el futuro inmediato de esta entrañable tierra, secularmente olvidada y mencionada como una nostálgica referencia histórica de un grandioso pasado. Será, sin duda, la condena a un ostracismo definitivo.
Seguiremos entonces siendo como lo dijera el gran Valencia de su solar nativo: “Un nostálgico pozo del olvido“.
José López Hurtado. Popayán.
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