Carta abierta al señor presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez. Hace unas semanas el Banco de la República decidió aumentar en 0,25 la tasa de referencia. Al respecto, afirmó usted, señor Presidente, lo siguiente: “Ninguna institución en Colombia puede estar tomando decisiones sin oír al pueblo colombiano”, y seguidamente se preguntó: “¿Por qué si al Gobierno se le pide escuchar, el Banco de la República no lo hace?”.
Mi conclusión de sus afirmaciones y su posterior pregunta es que las decisiones de política pública debían ser consultadas directamente con el pueblo en lugar de seguir el inútil camino del análisis técnico y las recomendaciones académicas.
Como en los últimos meses se han puesto de moda los referendos, quiero montarme en ese tren y unirme a su idea de que desde el pueblo podamos tomar las decisiones de política pública. Hay varios referendos que tengo en mente; le planteo algunos de los más relevantes, pero podemos pensar en ampliar la lista. Los deseos del pueblo no se acaban con las tres o cuatro ideas que describo a continuación. Así pues aquí van mis propuestas:
— El último viernes de cada mes, en lugar de que los miembros de la junta del Banco de la República puedan sentarse a tomar decisiones que van en contra del pueblo de Colombia, preguntémosle al pueblo directamente qué tasa de interés quiere para el mes siguiente.
Desde ya, señor Presidente, yo anuncio mi voto: yo quiero una tasa de interés de cero; nada de 9,75 o 10. No señor, una tasa de cero es lo que nos merecemos los colombianos. ¿Se imagina cuán más baratas saldrían mis cuotas hipotecarias? Le anticipo, señor Presidente, que con esa rebaja posiblemente me anime a pedir un crédito para comprar un carro; si muchos colombianos siguen la misma ruta podríamos volvernos una potencia automotriz y sacar del letargo a esta importante industria. (De paso se ahorraría el Gobierno el dinero destinado a estímulos a este sector para evitar que despidan trabajadores).
— Luego, señor Presidente, está el tema de los servicios públicos. El Estado tiene una serie de comisiones de regulación encargadas de determinar con criterios técnicos el esquema de tarifas de servicios públicos. ¿Por qué no mejor escuchar al pueblo? Una vez al año podemos hacer un referendo que nos pregunte qué tarifas de servicios públicos queremos.
De nuevo le anticipo mi voto: yo quiero, en particular, que el agua sea gratis. Estoy seguro de que la idea de largas duchas sin pensar en la cuenta del agua hará más felices a mis compatriotas y que me acompañarán en el voto. De paso, el ahorro que me significará la nueva tarifa de agua me permitirá hacer algunos arreglos en mi casa. Si varios compatriotas siguen ese ejemplo, seguro que se disparará el sector de la construcción.
Dentro de pocos años tendremos ciudades completamente renovadas sin necesidad de que el Gobierno emprenda acción alguna: el pueblo, por fin escuchado, emprenderá la renovación.
— Finalmente, y para no extenderme más, señor Presidente, está el tema tributario. Su anterior ministro de Hacienda propuso en su momento una reforma tributaria estructural pensada con criterios técnicos. ¿Por qué dejarle eso a criterios técnicos? ¿Qué tal que esos criterios no escuchen al pueblo? Aquí entonces le propongo un referendo tributario cada cuatro años. No lo propongo más frecuente porque se podría generar una inestabilidad jurídica que deterioraría la confianza inversionista. Sé que eso lo atormentaría a usted. Así pues, cada cuatrienio nos preguntaría usted: “Compatriotas, ¿qué IVA quieren?”
Adivine, señor Presidente, cuál sería mi voto. Estoy pensando invertir esa platica que nos ahorraríamos en unas pequeñas vacaciones familiares (en mi carro nuevo y mientras remodelan la casa).
Dejo otros temas e ideas para una futura ocasión (por ejemplo, tengo una deudita en dólares y la verdad es que preferiría una tasa de cambio de 1.000 pesos por dólar, pero ese es tema de otro día, de otro referendo).
Su servidor,
Marc Hofstetter. Bogotá.
En defensa de los militares
Los colombianos de bien no podemos permitir que una minoría coloque en la picota pública a egregios militares como es el caso del ex ministro de Defensa Nacional, general Rafael Samudio Molina, a quien si existiera justicia verdadera, en vez de ser objeto de un proceso penal, se le debiese estar otorgando la máxima condecoración, toda vez que él junto con su grupo de colaboradores salvaron a la Nación de actos de lesa humanidad.
Curioso que quienes han atentado contra la Nación, quienes en el pasado utilizaron la oscuridad para hacer de sus fechorías, hoy posen como dueños de la moral. Increíble que se le exijan resultados a la Fuerza Pública y cuando los brinda sea objeto de persecuciones judiciales. Si la batalla la estamos ganando militarmente, no podemos permitir que se pierda jurídicamente por unos vasallos del caos.
Rubén Darío Bravo Rondón. Zapatoca, Santander.
Inseguridad y desempleo
El Espectador se ha ocupado en los últimos días y en varias oportunidades del análisis de los principales problemas de la capital colombiana y esto ha permitido revivir un tema que preocupa demasiado: la seguridad ciudadana. No nos digamos mentiras. En un buen porcentaje la inseguridad en la principal ciudad colombiana es consecuencia de otro flagelo nacional, como lo es la falta de empleo. Por otra parte, el famoso plan de la “seguridad democrática” no se ha visto en la capital colombiana ni en las principales ciudades del país, pues los robos en general, atracos, acción de carteristas y estafadores son de diaria ocurrencia y Bogotá, por ser la ciudad con más población, registra los mayores índices de inseguridad.
Jorge Enrique Giraldo Acevedo. Bogotá.
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