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Políticos de Harvard

30 de marzo de 2009 - 11:00 p. m.

Estos líderes políticos neoliberales han perdido delicadeza.

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Se soltó el ex presidente César Gaviria, en el programa Hora Global del viernes 20 de marzo del año corriente, que los únicos que pierden con la crisis actual son los ricos. ¡Ah! y los pobres… sólo arriesgan un trabajo. Le faltó completar en el lenguaje de élite que a alguno que otro rico caído en desgracia le tocará conformase con “el sueño de los pobres: conseguir un empleo”.

No sabe uno qué entiende este señor por oposición, cuando para él, los pobres no son más que un montón de brazos baratos, de los cuales se dispone como otra pieza más de un engranaje de cualquier máquina industrial.

No sabría uno decir si es cinismo o estupidez tales palabras. A diferencia de hace algunos miles de años, el destinar una gran masa de hombres de una población a las labores de la producción sometida tenía su justificación porque su excedente iba con destino a sostener a los ociosos de la escala social más alta, éste exceso venía directamente de esos brazos productivos, los demás estaban para la guerra, y unos cuantos para las artes. Hoy las máquinas, o para ser más precisos la innovación tecnológica, puede producir grandes cantidades sin depender de mucha fuerza humana, dejando libres para otras tareas a los demás vivientes humanos, incluso libres para morirse de hambre en este libre mercado.

Pero la propia lógica del particular sistema de producción sólo anhela capturar cada vez más y más compradores, y en ningún momento contempla un beneficio social que no le traiga rentabilidad.

Tal manera de raciocinio ha contemplado el racismo social, aquel que fue descrito por Susan George en su Informe Lugano, que frente al exceso de hombres innecesarios al sistema de producción capitalista, sus líderes recomendaban el “podamiento humano”, usando como estrategias, útiles a sus finanzas, las guerras internas, las externas, y cuanta más pueda inventarse.

Qué más puede uno esperar de estos líderes que se sacan sus impudicias al mejor estilo gánster. Hace algunos meses, el ex presidente César Gaviria y el actual mandatario colombiano se echaron mutuos vainazos, recordando sus pecados de mafia con el narcotráfico. Éste increpó por sus alianzas con el cartel de Cali, aquel reviró, palabras más, palabras menos, que no entendía por qué en la Casa de Nariño lloraban tanto la muerte del capo Pablo Escobar. En fin, que todo sea por la plata, y nada de la ética y de la decencia política.

Y de mano de este tipo de líderes certificados en Harvard ¿es la alternativa de cambio que quieren presentar en las próximas elecciones, al castigado pueblo colombiano? Si no se volviera a dar el constreñimiento electoral, si los fusiles y demás chantajes dejaran votar a conciencia a la ciudadanía, valdría la pena que se preguntaran, en esa variedad de tragedias humanas del electorado, ¿quién en realidad encarna un cambio?

Mauricio Castaño. Bogotá.

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