Creo que quien puso de “moda” el apelativo: “el derecho a…” fue el sofista mayor Luis Carlos Restrepo. Con su “derecho a la ternura” puso a soñar a algunos y luego con su trabajo como Comisionado de Paz, puso a sufrir a otros, con el segundo tomo (aún en circulación): “el derecho a la tortura”.
En los últimos días, otros lectores se han referido también, por ejemplo, al “derecho al beso”. Yo quiero comentar hoy lo que llamaría “el derecho a la nostalgia”, invocando a Kierkegaard, a Bergman, a Tarkovsky, a Silva, a Pessoa, y tantos más, excluyendo por supuesto a abogados y economistas. Me refiero en particular al columnista de El Espectador César Rodríguez (a quien aprecio y admiro por su trabajo crítico en la lucha contra la discriminación). Rodríguez en su artículo del martes 24 de febrero (página 17) nos condena a los “nostálgicos” a adaptarnos a las nuevas condiciones del mercado editorial y a remodelar nuestros apartamentos, luego de deshacernos de nuestras bibliotecas de papel. Triste destino el de los intelectuales (y sus lectores) de este nuevo siglo, que sepultan sin piedad a sus propios amigos, pues como dice Rodríguez, “lo mejor es que todos nos hagamos a la idea: lectores, autores, editores, libreros y bibliotecarios, gremios a los que pertenecen las personas que más aprecio y admiro”. ¡Afortunadamente nos aprecia y admira!
Yo quiero contribuir entonces con mi grano de arena y dejaré de comprar El Espectador en papel y lo leeré sólo por internet. Gracias a Amazon y César Rodríguez por la crisis de los libros de papel. ¿Otros lectores seguirán mi ejemplo? Que se abran las apuestas. Yo, que tengo una pequeña librería, tengo que preguntarme qué sentiría Rodríguez si algún día, como en un cuento de Kafka, se aboliera el derecho. Creo que no perderíamos tanto, comparado con lo que perderíamos si no tuviéramos la literatura. Sé que el columnista no está en contra de la lectura, y que su argumento es promover una aparente “democratización” del acceso a la cultura, dándonos además argumentos ecológicos. Pues bien, valdría la pena empezar por los códigos y leyes, que bastantes árboles han tumbado, y no sólo para que se impriman sus bellas palabras en hojas de papel.
Debería quedar grabada en la sección “de labios para afuera” su frase célebre: “Si usted es lector y tiene los medios, haga cuentas”. Alguien podrá decir, a Amazon lo que es de Amazon y al César lo que es del César.
Mauricio García. Ipiales.
Entrevista a Lecompte
Realmente me ha conmovido su entrevista, creo que este hombre es un personaje que vale la pena mostrar públicamente, en especial porque la gente vio sus esfuerzos durante los años cuando Íngrid estuvo secuestrada.
En particular, veo en él una persona muy sencilla. Es algo excepcional, lo recuerdo lanzando papelitos con fotografías en una avionetica, esperando a que de pronto una de estas fotos cayera en las manos de su amada.
Cuando lo pienso, creo que es muy inspirador; en verdad la probabilidad de que uno de estos papelitos pueda encontrarse en el camino de una cuadrilla de las Farc es completamente despreciable. Eso gusta de él, su tenacidad, su esfuerzo.
Confieso que cuando leí su entrevista, se me llenaron los ojos de lágrimas, porque independiente de su historia de Amor con Íngrid, de la manera como ella lo recibió, etc. —eso es un problema de ellos— me gustó mucho la honestidad y la manera como él afronta la realidad, en especial el comentario “En la vida estamos muy solos”.
Gracias, creo que su artículo les enseña mucho a sus lectores, supo tomar las mejores palabras de Juan Carlos Lecompte, supo retratarlo sin hacerlo ver triste. Sacaron a relucir una parte muy humana del conflicto y de las familias de los secuestrados en Colombia.
César López González. Bogotá.
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