Colombia renunció a la organización de un campeonato mundial de fútbol, bajo la peregrina idea de que el dinero que se iba a ‘gastar’, podría utilizarse en la construcción de escuelas y hospitales. Y ni se hizo mundial, ni se construyeron escuelas y hospitales.
Triste historia que nos introduce a un rápido análisis sobre la importancia de realizar un certamen internacional de la magnitud de unos Juegos Olímpicos.
Los beneficios obtenidos por quien no ‘gasta’, según el viejo concepto, sino por quien ‘invierte’, según el nuevo, son muchos, como lo verifican ciudades como Barcelona, que después de 1992 vio crecer su economía, deporte y valor como destino turístico.
Recientemente, el director de los próximos Juegos Olímpicos, el ex atleta Sebastian Coe, afirmó que “En Londres, en los últimos años se han invertido 8.500 millones de euros, con contratos que han ido a parar a empresas británicas, en un momento en que, tanto la economía del Reino Unido como la mundial, están afectadas por la crisis económica. 40.000 personas han conseguido trabajo de forma directa o indirecta durante la construcción del Parque Olímpico”. Agregó Coe que, según informaciones de la alcaldesa de la capital británica, entre los años 2013 y 2020 se crearán más de 320 mil empleos producto de los Juegos.
Detrás de los eventos sociales que la embajada británica ha organizado en diferentes países del mundo, entre ellos Colombia, se establecen unos contactos políticos y comerciales que harán que los Juegos Olímpicos Londres 2012 no terminen el 12 de agosto, sino que tengan un segundo comienzo para la ciudad y para el país, por la gran cantidad de negocios que se han abierto antes y durante su celebración.
Es que unos Juegos Olímpicos no son sólo cuerpos y espíritus que se mueven dentro de estéticas que el mundo admira. Hoy, las justas han ampliado sus objetivos con los tradicionales y aún vigentes de mejorar la imagen del país, permitir el ingreso de dinero y aumentar la infraestructura en general —y la deportiva, en particular—, beneficiar el futuro de su deporte y los intercambios propios del contacto con otras culturas.
Hoy, hay que reconocerlo no con rubor, sino con orgullo, que estos juegos son un gran negocio que permite pagarlos y obtener valores agregados que superan los escenarios deportivos y dejan a la ciudad (y al país) sede con un horizonte nuevo.
Por eso la pugna ya comenzó entre Estambul, Tokio, Bakú, Doha y Madrid, para organizar los Juegos Olímpicos del año 2020.
Ciro Solano Hurtado