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¡Qué tal!

19 de mayo de 2012 - 08:00 p. m.

Cualquier país civilizado y moralmente correcto se paralizaría si en menos de 24 horas aparecen los cuerpos de dos niñas de cuatro años asesinadas, una de ellas violada.

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Habrían podido ser cuatro, ya que dos niñas de cuatro y siete años en Sucre fueron apuñaleadas por su ‘papá’. En Colombia fueron noticias que pasaron desapercibidas para muchos. Era la fiesta de la madre y la entrada en vigencia del TLC, por lo que fueron más importantes las celebraciones y negocios, que hacer un alto, para mostrar por lo menos algo de respeto por las niñas asesinadas y para que los demás niños, incluidas las heridas, sintieran, así fuera por un día, que hay una sociedad dispuesta a no permitir que los sigan asesinando.

Sahara Valentina desapareció en el Huila; días después fue encontrado su cuerpo porque su verdugo confesó; todo indica que la mató desde el momento de su desaparición. Y Carolina de la Cruz se desapareció y al otro día fue encontrada violada y asesinada cerca a su casa en Barranquilla; su asesino confesó. En ambos casos existen circunstancias que hacían prevenibles esos crímenes, si nos permitieran tomar las decisiones de fondo para impedir esa masacre diaria.

Pavel Camilo Barbosa, asesino de Sahara, se encontraba pagando prisión domiciliaria por tráfico de drogas y tenía orden de captura por tentativa de homicidio; es el novio de una tía de la niña. ¿Nadie sabía de sus antecedentes? Y Gustavo Adolfo Aldana, alias El Soldadito, es un adicto amigo de familiares de Carolina de la Cruz. ¿Nadie sabía de sus antecedentes? No obstante que confesaron, van a tener un juicio lleno de garantías y de gastos para la sociedad y debo referirme a ellos como ‘presuntos asesinos’. ¡Qué tal!

Las dos niñas y Jhon Didier, de dos años, apuñaleado por su ‘papá’; Juan Sebastián, de seis años, degollado por su padrastro, y Yuly, de dos años, asfixiada por su ‘papá’, se suman a la macabra cifra de más de 40 casos conocidos de niños asesinados en lo corrido del año. Hay coincidencias que se repiten en esta barbarie. El 80% de asesinos y violadores son familiares o conocidos. El entorno social y familiar les facilita esa violencia por acción u omisión. Se les facilita aún más cuando algunos no toman las decisiones e impiden que otros las tomemos. Y aún más, cuando los verdugos de los niños escuchan a algunos que se oponen, por ejemplo, a la prisión perpetua, porque va en contra de sus derechos y la función resocializadora de la pena; es decir, ellos saben de sus garantías, como la de corregir sus errores, porque para algunos los crímenes contra los niños son sólo errores.

Trabajar por los niños para algunos es populista, oportunista o politiquero. Claro, es mejor el silencio e invisibilizar. Es más fácil hablar que hacer. Para otros es más importante mantener el statu quo de una política criminal que algunos poseedores de la verdad nos han impuesto a espaldas de la sociedad, que admitir los profundos y evidentes errores de un ordenamiento jurídico lleno de imperfecciones y de injusticias, como sacrificar a los niños víctimas en función de las garantías de sus verdugos. ¡Qué tal! ¿Tendrán algo que decirles a los niños?

* Gilma Jiménez Gómez. Senadora

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