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Reelección

07 de julio de 2014 - 11:33 p. m.

Al día siguiente de ganar la reelección en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el presidente Santos volvió a plantear el debate sobre la eliminación de la reelección presidencial inmediata y anunció que presentaría un proyecto de ley sobre ese tema.

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En América Latina, varios presidentes han sido reelegidos, con resultados disímiles para sus respectivos países: Menem en Argentina, Cardoso en Brasil, Fujimori en Perú, Chávez en Venezuela, Mejía en República Dominicana, Uribe y Santos en Colombia. En nuestro caso, la inmadurez del sistema político ha hecho evidente la necesidad de abolir la reelección inmediata.

Con anterioridad a la reforma constitucional que impuso el expresidente Uribe para poder reelegirse en el 2006, Colombia tenía un régimen de reelección presidencial no inmediata no indefinida.

El expresidente Uribe comprometió parte de su gobernabilidad y credibilidad a cambio de la reelección y tal vez en parte por eso, su segundo mandato fue menos bueno que el primero. Ahora, Santos acaba de reelegirse tejiendo alianzas que comprometen su capacidad de escoger a los más idóneos para sacar adelante las tareas pendientes y las nuevas derivadas de una eventual implementación de los acuerdos de paz. Es claro que Colombia no estaba preparada para la reelección presidencial inmediata y que es necesario acabar con esa posibilidad.
Adicionalmente, si el período presidencial se alargara a cinco o seis años, sería imperativo considerar e incluir otros criterios dentro de la reforma propuesta.

En primer, lugar hay que mantener el equilibrio entre las tres ramas del poder y para ello, es indispensable encontrar una coincidencia o adecuada coordinación entre sus períodos, incluyendo la iniciación y la duración. Un factor adicional a considerar, son las elecciones populares de alcaldes y gobernadores, a realizarse en octubre de 2015.

El proyecto a ser presentado al congreso debe considerar la posibilidad de coordinar mejor la agenda nacional con las agendas regionales a través de los presupuestos, programas y planes.

Hay que buscar que la reforma propuesta fortalezca todo el sistema institucional, incluyendo los órganos de control. Una iniciativa paralela podría acotar los alcances de los poderes de la procuraduría general de la nación y de la contraloría general, buscando que hagan su trabajo de manera más transparente y eficaz.

La duración del mandato presidencial, según dijo el presidente, está por discutirse. Pero esa discusión no podrá adelantarse en el vacío. El tema tendrá que acordarse teniendo en cuenta los elementos arriba anotados y los grupos de interés de las tres ramas del poder.

Promover culturas políticas y ciudadanas sólidas y responsables con lo público y promover una mayor competencia entre los movimientos y partidos políticos, es una necesidad latente. El nuevo sistema debe apuntar a fortalecer esos aspectos de la vida política.

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En democracias más maduras y transparentes que la nuestra, la reelección inmediata permite la continuidad de las políticas públicas. Además los electores premian o castigan al poder ejecutivo con su voto. Un país como Colombia no puede cambiar cada cuatro años de políticas, estamos creciendo y si queremos salir del tercermundismo necesitamos que lo bueno continúe. Pero esa tarea no es exclusiva del ejecutivo.

Unos partidos políticos fortalecidos y más coherentes en sus postulados de largo plazo, con relaciones más claras entre sí y con el ejecutivo, podrían darle a país la continuidad que requiere en sus políticas, sin las desventajas de la reelección presidencial inmediata.

 

 

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