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¿Revaluación o inflación?

06 de agosto de 2008 - 09:32 p. m.

En un entorno en el que los gremios, apadrinados por el Gobierno, logran obtener beneficios derivados de sus eternas lamentaciones sobre la situación económica del país, es preocupante la embestida del Ejecutivo contra la autoridad monetaria del país.

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Esta lucha de poderes y los nefastos resultados en torno al aumento de los precios en los últimos meses han causado para el Banco de la República la pérdida de su independencia y su credibilidad en la aplicación de la política monetaria.

Es claro que ni el Ejecutivo ni los grupos económicos tienen en la cabeza que el enfoque de la política monetaria colombiana es el de la meta de inflación, en el cual se utiliza la tasa de interés como único instrumento para estabilizar el nivel general de precios. Hemos observado recientemente que los grupos económicos quieren enfocar el instrumento hacia la recuperación de la tasa de cambio o hacia el crecimiento económico, lo cual no es sano para la estabilidad macroeconómica y, precisamente, estamos siendo testigos de síntomas de inestabilidad.

¿Es más perjudicial una revaluación persistente del peso frente al dólar o una inflación creciente? Una inflación persistente empobrece a la población, reduce el consumo, contrae la producción y es semilla de recesiones económicas. Por su parte, un tipo de cambio bajo tiene efectos negativos sobre los ingresos de los exportadores (en términos absolutos) y reduce el precio relativo de las importaciones, así como los montos de deuda expresados en dólares. Sin embargo, es cierto que esta tendencia causa terribles problemas en torno a la especulación en los mercados de capitales y puede generar inestabilidad del entorno macroeconómico en el mediano plazo.

Conclusión: la inflación es un problema generalizado a nivel microeconómico, que afecta a todos los agentes de la economía. Por su parte, la revaluación afecta, mayormente y en principio, a grupos exportadores y a consumidores de bienes importados, lo cual en mi opinión hace que ésta sea “el menor de los males”.

En un enfoque de meta de inflación no aparecen por ningún lado los favores políticos, ni las prebendas hacia los gremios, ni la intervención en el mercado cambiario, ni mucho menos el crecimiento económico como objetivo de la política monetaria. Por esto, el Banco viene rectificando su posición y haciendo frente a las presiones gubernamentales. El primer paso se dio al aumentar la tasa de interés de referencia en la reunión de la Junta del mes de julio. Sin embargo, afirmo, será más fácil para el Banco controlar la inflación en el país que para los gremios dejar de “cabildear” o, incluso, que para este gobierno controlar sus impulsos autoritarios y su desconocimiento por la independencia de las instituciones.

 Nelson Fabián Villarreal. Bogotá.

Transmilenio: malas y buenas

El servicio de Transmilenio es digno de elogiar. Su infraestructura es ornamentación para Bogotá. El aseo de los vehículos es maravilloso (estábamos acostumbrados a ver buses destrozados). Los vigilantes muy atentos contra los maleantes. Las taquilleras llenas de amabilidad. Las rutas muy bien definidas y orientadas, el pavimento por donde transitan está bien mantenido, la rapidez con que circulan es sorprendente. La disciplina al ceder las sillas azules para los ancianos. El orden con que la gente baja y sube. Pero claro, siempre hay un pero. La gran multitud que hace uso de este transporte, lo convierte en una verdadera caja de sardinas. La gente viaja con enorme apretura, lo que hace que los sádicos, morbosos y maleantes hagan de las suyas en tan corto trayecto. A mas de nuestros expertos carteristas que “trabajan” en uno y otro vehículo con gran facilidad, subiendo y bajando con enorme tranquilidad.

Por otra parte, la manera de descongestionar totalmente la capital es llevando el Transmilenio a todos los barrios de Bogotá. Dando de baja el parque automotor que ya está totalmente destartalado y es el causante de la gran contaminación de la ciudad, pues se asemejan a cocinas ambulantes echando humo y hollín por sus buitrones, enfermando las vías respiratorias de los habitantes de Bogotá. Y tratando de que a cada propietario de un vehículo viejo se le dé la oportunidad de trabajar en esta empresa.

Beatriz Ospina de Barrera. Bogotá.

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