El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Se extraditó la verdad

09 de marzo de 2009 - 10:34 p. m.

Más allá de las implicaciones políticas y del logro que significa para la lucha contra el narcotráfico abanderada por EE.UU, la extradición de Hébert Veloza, alias H.H., es ante todo la despedida que con frustración las víctimas de este paramilitar deberán hacerle a la verdad.

PUBLICIDAD

La verdad de saber qué pasó con sus familiares y de conocer el  porqué y bajo qué métodos fueron asesinados o desaparecidos sus seres queridos. Pero, sobre todo,  se perdió la esperanza de conocer el paradero de miles de cadáveres que podrían poner fin a la tortura de la incertidumbre que han padecido los familiares por meses y años.

Una verdad indispensable se ha extraditado a EE.UU. Indispensable no sólo para  construir una memoria colectiva que impida que la historia se repita, sino también para otorgar un derecho fundamental, que parece no importarle al Estado colombiano, el derecho a la santa sepultura de los asesinados y al conocimiento de lo que pasó con ellos antes de su desaparición.

La decisión de extraditar a H.H. refleja entre otras cosas que el fenómeno del desaparecimiento forzado no está siendo afrontado  adecuadamente. El Estado no sólo  tiene la tarea de identificar miles de cadáveres que se encuentran esparcidos en fosas comunes, ríos y mares de nuestro país, también  debe reparar a las víctimas en los diferentes ámbitos que se hayan visto afectadas.

Pero, ¿cómo hacer la documentación de los casos particulares de desapariciones forzadas y masacres como las del Aro si no hay un victimario que pueda contar lo que sucedió?

¿Cómo mitigar el dolor de miles de familias que ni siquiera saben si sus parientes se encuentran vivos o muertos?

¿Cómo dar paz a las víctimas que saben que sus familiares están muertos, pero que desconocen el porqué de su muerte?

¿Cómo restablecer el derecho al buen nombre y a la honra de un asesinado?

¿Cómo empezar a reparar y lograr todo lo anterior cuando ni siquiera se ha podido dar una despedida simbólica y física a los seres queridos desaparecidos?

No ad for you

Se salvaron unos pocos políticos y funcionarios de renombre que podían quedar salpicados con las confesiones de H.H. A cambio, miles de familiares perdieron la esperanza y el derecho al esclarecimiento de la verdad.

Ana María Cubillos Sarmiento. Bogotá.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias