Tengo miedo de asistir a la reunión en la Plaza de Bolívar a aportar “una dosis de personalidad”. Temo que en vez de aportar dosis, se presenten seres que ellos mismos las representen.
No quisiera sentir, en medio del gentío, el sagrado piquete de un cristo clavado en mi espalda y que al darme vuelta me encuentre de frente con Alejandro Ordóñez, el inflexible Procurador General de la Nación. Porque si la manifestación es a favor de la libre personalidad, ¿quién me asegura que Ordóñez no estará allá en primera fila? Mucha personalidad debe tener él para ser tan descarado y minimizar (u omitir, lo cual es peor) las pruebas que existen sobre el cohecho reeleccionista. Si en el supuesto llega a estar Ordóñez, no veo por qué no esté la única Trinidad que le agradece sus esfuerzos: Sabas Pretelt, Diego Palacio y Dios Padre: presidente Uribe. Gozan de la misma personalidad desmedida que les permite mantenerse en sus cargos a pesar de estar en medio de tan graves y serias acusaciones.
Si de ese calado serán los asistentes, no descarto entonces la presencia de Rojas Birry, el Personero que, también salpicado por haber recibido pagos de David Murcia, aún no tiene la humildad de abandonar el puesto público. No sé ustedes, pero yo estoy lejos de tener personalidad suficiente. Personalidad suprema como dicen que tiene el excelentísimo Benedicto XVI, cuya cualidad original le permitió decir en África que la propagación del sida deviene del uso del preservativo. ¡Mucha personalidad, carajo!
Respecto a la cita en la Plaza de Bolívar, si el acto público no se desvirtuara, sería una imagen de porros, banderas de arco iris, controles de X-box, cámaras fotográficas, menús de Coca-Cola y cigarrillo, revistas de cómics, arequipes, revistas pornográficas, pinceles y vibradores de bolsillo.
Por supuesto aportaría mis dosis de personalidad más modestas: mis ‘peches’ con filtro, una botella de Antioqueño, un termo con café, un frasco con ají casero, un maniquí que represente a las mujeres (tómenlo en el buen sentido), libros, una agenda donde anoto este tipo de pendejadas y un radio con el que escucho las noticias. Son todos mis vicios, hasta hoy considerados legales. Sería interesante que así sucediera, pero lo dudo. Todas las movilizaciones con un verdadero sentido cívico terminan usurpadas por los inoportunos.
Por el bien de todos, que se llene esa Plaza. Pero que se reserven el derecho de admisión para que no se filtren anacrónicos sátrapas, ni mucho menos águilas negras de limpieza social, como suele ocurrir. Se necesitan muchas dosis (sin llegar a sobredosis) que hagan una impertinente, necesaria y testaruda mancha. Porque soporto con gusto el pinchazo de Ordóñez, pero jamás toleraría levantarme un día judicializado porque disfruté mi libertad, la respiré, me la bebí o me la fumé. Sería fatal.
Jota Ochoa. Bogotá.
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