Con agrado registro el cubrimiento que periodistas, columnistas y lectores de El Espectador han hecho para Colombia del segundo poll, abierto a votación pública por la red, para la escogencia de los cien principales intelectuales del mundo, organizado por las respetadas (y en ocasiones polémicas) revistas Prospect (Reino Unido) y Foreign Policy (Estados Unidos), en especial porque páginas de este mismo periódico acogieron mi comentario sobre la primera versión de dicho poll efectuada en 2005 (“Los mejores columnistas” en Cartas de los Lectores, El Espectador, semana del 20 al 26 de noviembre de 2005).
En aquella ocasión referí los doce primeros lugares, y felicité a El Espectador por incluir entre sus columnistas al “campeón” y el “subcampeón” del sondeo ciberespacial 2005 (respectivamente Noam Chomski y Umberto Eco) e incluso solicité la inclusión en las páginas editoriales de algunos otros de los elegidos, entre quienes sugerí a Richard Dawkins y a Naomi Klein (lugares 3º y 11º en el ránking); y aunque no ellos, para mi satisfacción, observé con feliz coincidencia que poco después ingresó al acervo editorial del periódico Christopher Hitchens (5º lugar del primer poll); por ello me deleité con la columna de Armando Montenegro (El Espectador, domingo 29 de junio, p. 53), titulada “Cien intelectuales”, y algo menos con la provocativa y ligeramente displicente crítica a la presentación de Montenegro que nos ofreció el señor Fernando Gómez Gómez de Santa Fe de Antioquia el 5 julio de 2008 en Cartas de los Lectores bajo el título de “¿Quién dijo intelectuales?”.
En tanto detonador de fecundos debates, encuentro notable el ejercicio hecho por ambas publicaciones (por supuesto, si de mí dependiese la lista hubiese sido otra, aunque no tan disímil; es obvio que siempre habrá sesgos y discrepancias en cuanto a gustos por la preescogencia de candidatos hecha por los equipos editoriales de Foreign Policy y Prospect); sin embargo, tanto en el cuadro de honor 2005 (que aún puede consultarse en la red) como en el de 2008, reconozco pensadores valiosos de izquierda y derecha. Por ello, aunque valoro otros pareceres, jamás me aventuraría a descalificar el ejercicio (o a llamarlo frívolo), ni a tildar de “menganito” al ganador de este año, el turco Fethullah Gülen, como hizo el señor Gómez Gómez (considero, primero, que ser el autor de 60 y más libros otorga el beneficio de la duda; y segundo, que quizás haya ideas valiosas en culturas y en obras que no he leído).
No obstante, difícilmente puedo pasar por alto la confusión étnico-nacional-religiosa que entrañan el título y algunas frases del artículo sobre el mismo tema “Genialidad árabe” publicado en El Espectador del viernes 25 de julio de 2008, donde se afirma que “diez musulmanes están entre los intelectuales más influyentes del mundo”, en especial porque párrafos luego el texto se pregunta —encubriendo un lamentable equívoco reduccionista— “¿Por qué el ránking lo encabezan los árabes?”. Cabe aquí discernir entre, primero, “musulmán” como aquella persona que profesa el Islam (en árabe ‘muslim’ o su femenino ‘muslima’ traduce, ideas más ideas menos, “sometido y por completo sumiso a la voluntad divina”) y, segundo, “árabe”, al menos en una doble acepción: inicialmente como oriundo de Arabia Saudita o como hablante de la lengua árabe (en general morador de países como Arabia, Yemen, Egipto, Argelia, Marruecos, Siria u Omán).
Consignado lo anterior pasamos a examinar los diez ganadores del poll: 1. Fethullah Gülen (nacido 1941), el filósofo y escritor es musulmán y turco (no árabe). 2. Muhammad Yunus, el banquero y economista (nacido en1940), es bangladeshí (no árabe). 3. El escolar y académico egipcio Yusuf al-Qaradawi (nacido en 1926), célebre por su programa ash-Shariah wal-Hayat (“Shariah y Vida”), realizado para la cadena al-Jazeera sí es musulmán y árabe. 4. El Premio Nobel de Literatura 2006, Ferit Orhan Pamuk (nacido en 1952), es turco (no árabe) y profesor de literatura comparada en la Universidad de Columbia (y aunque presumamos que es musulmán en tanto literato postmodernista, me queda la duda). 5. El prestigioso abogado Chaudhry Aitzaz Ahsan es pakistaní de la etnia urdu (no árabe, pero sí musulmán). 6. El telepredicador Amr Mohamed Helmi Khaled (nacido en 1967), es egipcio y por ende árabe y musulmán. 7. Hosein Haj Faraj Dabbagh (nacido en 1945), más conocido por su seudónimo Abdolkarim Soroush, es un pensador, filósofo y reformador iraní (no árabe, aunque sí musulmán). 8. Tariq Said Ramadan (nacido en 1962) es suizo y angloparlante, académico y musulmán de ascendencia egipcia, árabe por herencia y en realidad ocupó el puesto 8º en el poll, no el 10º, como lo presenta el artículo. 9. El experto en antropología y ciencia política Mahmood Mamdani (nacido en 1947 en Kampala) es ugandés (no árabe), de ancestro del sudeste asiático y aunque habla inglés, francés, gujarati, hindi, luganda, punjabi, swahili y urdu, ni siquiera habla el árabe. 10. La abogada, activista por los derechos humanos y defensora de la infancia y Premio Nobel de Paz 2003, Shirin Ebadi (nacida en 1947), es iraní o persa (no árabe, aunque sí musulmana chiita), y en realidad ocupó el 10º puesto (no el 8º como apareció en el artículo).
En conclusión, cuando habla de musulmanes encabezando el poll, el artículo es veraz; sin embargo, cuando alude a los árabes yerra de forro a forro, toda vez que, en realidad, la gran mayoría de los intelectuales, siete de ellos, a saber: turcos (2), iraníes (2), bangladeshíes (1), urdus (1) y ugandeses de ancestro sudasiático (1), no son árabes, y sin desmerecer los logros de los tres árabes incluidos en el grupo (y de los millones de habitantes del fascinante mundo árabe) es un exabrupto cultural subsumir el universo musulmán y constreñirlo al contexto árabe, cuando parla otras lenguas y tiene otros rostros y colores. Lo que sí es valioso por cierto es que las élites del pensamiento cosmopolita se aventuren —para usar otro estereotipo reduccionista— allende las fronteras de la tradición blanca, cristiana y occidental según proclaman los resultados del poll de intelectuales 2008.
Alfredo Gutiérrez Borrero. Bogotá
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