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Sobre el ‘New York Times’

16 de septiembre de 2008 - 08:03 p. m.

Leo sin premuras el suplemento del New York Times que ahora circula con El Espectador y encuentro un artículo donde el ex alcalde de Nueva York, Giuliani, critica a los demócratas, y en especial a Obama, por haber declarado en Berlín que es un “ciudadano del mundo”.

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Esta fe ciega en el color local, en los comunitarismos de cualquier tipo no es más que un retroceso para la humanidad en su conjunto. En Colombia, donde vivimos anclados en el nacionalismo más pre (pos) moderno, parece ser normal que se diga sin sonrojarse que los colombianos somos “apasionados” por naturaleza, porque lo llevamos en nuestro ADN. Así rueda el mundo por estos días. Los nacionalismos pululan en el ambiente y lo enrarecen.

Quién se acuerda hoy que en el siglo XIX era muy común que, por ejemplo, un nicaragüense fuera cónsul de Colombia en Buenos Aires. ¿Imaginan algo así por estos días? Y si les recuerdo que ese cónsul fue el gran poeta Rubén Darío, en qué pensarían. Debemos oponernos a la instrumentalización servil del nacionalismo. Me indigna aún más, y por eso escribo esta carta, saber que incluso desde la misma izquierda colombiana se promueve el chauvinismo criollo. Lo leí en El Espectador. Allí se nos cuenta que Venus Silva, un representante a la Cámara del Polo, radicó un proyecto de ley para obligar a las emisoras de radio a programar un 50% de música colombiana. Por favor, señores del Polo, más internacionalismo.

 Carlos Cazagemas. Bogotá.

Cartagena y pico y placa

La Alcaldía de Cartagena y su entidad  DATT establecieron el pico y placa para vehículos particulares, taxis, motocicletas. Todos hemos aceptado  el sacrificio para mejorar la ciudad, excepto los ilegales mototaxistas y algunos motociclistas. Las vías están menos congestionadas. Pero se rajaron Alcaldía y DATT porque privilegiaron a buses y busetas sin pico y placa, los peores, los  anárquicos, los más contaminantes, los de recorrido de 16 km/hr, los que bloquean el sector Bazurto, puente Transformación, India Catalina, etcétera. Se presume y se comenta que por temor y respeto al poder político- económico o económico-político vigente desde siempre en Cartagena. No hay excusa: con menos buses y busetas más km/hr durante los recorridos, más viajes/día por bus o buseta para el servicio a los usuarios. Y entonces, ¿siguen los mismos privilegios de siempre? ¿No votamos por lo contrario? ¿Perdimos el voto por Mariamulata?

 Jaime Serrano Gómez.  Cartagena.

Pereira y Martín Abad

La lectura de El Espectador ha sido mi inerradicable vicio consuetudinario durante ya casi cincuenta años. En la página reversa a la que sostenía mi padre, en su lectura después de comer, era El Vespertino, aprendí a leer a los cuatro o cinco años. ¡Maña inveterada!

En la anterior edición dominical, el caminante Fernando Araújo Vélez, hace y deshace algunos buenos pasos con Martín Abad, nuestro Thoreau parroquial.

Abad, además de eterno joven sesentero, ha sido esculpidor de chatarra y escribidor de medido ingenio. Hace algunos años ganó el premio de novela Ciudad Pereira con su Coclí, Coclí, el que lo vi, lo vi, especie de saga familiar sobre la rama de los Abades que toman el camino del sur desde su natal Jericó.

Vale recordar que su primo Héctor Abad Faciolince, lo inmortalizó en El olvido que seremos, como el pariente de Pereira que llegaba a su casa, llevando algunos soplos de irreverencia a esa Medellín conservadurista de finales de los sesenta.

Martín Abad, sin lugar a mis dudas y dudando de otras, es un personaje de relieve –¡alto y bajo!– en la historia reciente local, tan huérfana de tales y dedicada a la vanagloria de políticos chanchulleros y lavapatas del nuevo blancaje pereirano –¡esnif, esnif, esnif!–.

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No en vano, el lema de la actual administración municipal, bien debería ser… “Pereira: región de oportunistas”.

  Acacio Taxil. Pereira.

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