La primera página del diario del 12 de mayo, titulada “Israel, 60
años”, hace pensar en un artículo que se va a referir a la celebración
de los 60 años del establecimiento del Estado de Israel, y espera ver
los logros realizados por este país minúsculo (tan pequeño como el
Valle del Cauca, pero sin los ríos ni la fertilidad de nuestra tierras).
Queda uno aterrado con que todo el tema (excepto por cinco renglones en que mencionan la construcción de hospitales, carreteras, escuelas, universidades y los mejores sistemas de salud del mundo) trata de la entrevista efectuada por su reportero Antonio Ungar, en Jaffa, Israel, a una familia que tiene involucrado a uno de sus miembros en movimientos terroristas, que aparentemente tampoco ha salido de Jaffa y ni conoce la realidad de los procesos realizados en los últimos 60 años por el Estado de Israel.
Para su información, el Derecho Incontrovertible a Existir del estado de Israel, fue publicado en el Seattle Post Intelligencer el 3 de mayo de 2008, por David Brunner.
Enrique Kadoch. Cali.
Juegos Olímpicos
La Embajada de la República Popular China en la República de Colombia saluda atentamente a la Junta Directiva del periódico El Espectador y se permite mandarle esta nota de protesta por la publicación del artículo titulado “Los Juegos Olímpicos”, el día 13 de mayo del año en curso, un día después del desastre sísmico que ocurrió en la provincia Sichuán, China. El artículo empleó términos abiertamente ofensivos al Gobierno chino y distorsionó la realidad del desastre, perjudicando gravemente los sentimientos de todo el pueblo chino en estos momentos de condolencia nacional por las graves pérdidas humanas y materiales como consecuencia del terremoto.
Embajada de la República Popular China. Bogotá.
El editorial
Provechosas reflexiones dejó el editorial del martes “A propósito de la Semana de la Afrocolombianidad”, al objetar la forma como valoramos a la gente negra colombiana exaltando cada año, por esta época, algunas estereotipadas excepciones que ocultan la ‘invisibilización’ que padecen muchos compatriotas con mayor concentración de melanina en su piel y ancestros en África.
Oportunamente, denuncia el editorial las “muchas y muy variadas presiones que pesan en Colombia sobre los afrocolombianos” y las pocas acciones puestas en práctica por nuestra sociedad para debilitarlas.
El tema reviste capital importancia, máxime cuando más de la quinta parte de los nacionales, según reputadas fuentes (como The world fact book), tiene algún grado de afrocolombianidad: por etnias, un 14% son mulatos, un 4% negros y un 3% zambos, infinidad de ellos segregados y discriminados, integrantes de comunidades atormentadas por los violentos, desplazados de terruños (donde son, de hecho, legítimos custodios de inmensas reservas naturales) y depositarios, además, de conocimientos ancestrales vulnerados, cuya recuperación servirá a Colombia para instaurar fecundos intercambios culturales y económicos con países vecinos de significativa población negra (como Haití y Jamaica), o con las grandes naciones del África negra (Nigeria, República Democrática del Congo, Tanzania, Kenia, Uganda, etc).
Felizmente, y tras siglos de blanqueamiento forzoso, Latinoamérica experimenta un movimiento pro rescate de su raíz africana, desde México hasta la Argentina (donde entre el 4 y 6% de la población tiene una herencia afroargentina que algunos intolerantes —pocos pero poderosos— negaron históricamente). Por ello, Colombia debe asumir un futuro multicultural que armonice diversidad y equidad, pues parafraseando un monumento conmemorativo a las víctimas de la inseguridad pública en Alabama, “Debemos aprender de los lápices de colores: algunos pueden parecernos brillantes, otros opacos, algunos bellos, otros horribles, e incluso algunos con muy extraños nombres, sin embargo tan diferentes como son, todos comparten la misma caja”.
En buena hora, el editorial nos recuerda que las políticas tienen diferentes consecuencias para diversas etnias. Se trate de discurso gubernamental, ley de justicia y paz, programas educativos, o de la declaración de fiestas públicas, la relación entre cultura y bienestar afecta a gentes distintas. En Colombia el asunto adquiere tintes dramáticos, ya que con el 80% de la población sintonizado con el pensamiento de un solo individuo, aumenta el riesgo de desatender a las minorías. Por fortuna, y pese a los miedos que suscita, la multiplicidad étnica recibirá un espaldarazo simbólico mundial, si el senador demócrata por Illinois, Barack Hussein Obama Jr., logra la presidencia en los Estados Unidos. El demonio del fanatismo sufriría así un revés con cosmopolitas repercusiones.
Alfredo Gutiérrez Borrero. Bogotá.
Otros temas
Me place mucho que El Espectador esté de nuevo en circulación diaria; me parece que el nuevo formato es muy práctico para leerlo y qué bien que incluyan temas de salud y de crecimiento personal. Esto haría la diferencia, pues ya tenemos muchos medios de comunicación dedicados a destacar lo negativo y por eso cada día nuestro hermoso país sigue en la mira del resto del mundo, que quizá está en peores circunstancias pero ellos son más prudentes para ventilar sus conflictos.
Rosmira Durán. Bogotá.