El más reciente desafuero patrimonial en Bogotá lo está perpetrando Fedegán, en Teusaquillo, en la calle 37, entre carreras 14 y 15.
Una cadena de anomalías que empieza por el levantamiento de la restricción patrimonial del inmueble, continúa con una calistenia jurídica de la norma y termina en una gimnasia constructiva que estira y falsea las medidas a lo largo, ancho y alto del lote, asegurándose de que sumas y restas resulten en contra de la ciudad. En resumen, había una casa de conservación que, con el beneplácito del Consejo Asesor de Patrimonio y la Secretaría Distrital de Planeación, dejó de serlo. Luego, con la complicidad del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural –IDPC- y de la Curadora Número 3, Adriana López, se le otorgó una licencia que incumple las normas. Y para cerrar el círculo, la arquitecta Katya González está construyendo un edificio que no coincide con los planos aprobados.
La Sociedad de Mejoras y Ornato ha documentado de modo certero y convincente todo el proceso. Sin embargo, cualquiera que se pase por la obra podrá corroborar si la mole que tiene ante sus ojos constituye, o no, una barbaridad que aterriza en la cuadra, la calle, la manzana y el barrio, como un ciudadano arrogante que llega al campo a tratar paisaje y campesinos como ropa vieja. O para el caso: como un ganadero que llega a la ciudad en busca de un buen sector que le ayude a camuflar el olor de la boñiga.
Irregularidades es un término caritativo. Lo que hay en esto es un delito urbano que involucra al IDPC, Fedegán, la curadora y la arquitecta, quien es además la Gerente de la Empresa de Renovación Urbana. Entre todos y todas están abusando del poder, pisoteando el patrimonio arquitectónico y engañando a la ciudad. Están generando un atropello morfológico que promete Fedeganes por todo Bogotá. Para la muestra, el Bacatá Downtown, o BD, un invasor de 76 pisos que se construirá en la calle 19 con carrera 4.
Entre arquitectos hay una regla (Leyes de Willy) según la cual a todo lote siempre le falta un metro. No obstante, a esta nueva versión de ET, en la calle 19, aparte de la falta de respeto, le faltan por lo menos cincuenta metros a cada lado del lote. A Fedegán, en cambio, le sobra un piso. Si las autoridades se quieren enmendar, bastaría con hacerlo demoler. Si Fedegán quiere enderezar el torcido, bastaría demolerlo sin la ayuda de los entes de control.