La Casa de Nariño acaba de nominar al Vaticano como mediador internacional ante las Farc. La noticia dice haber tomado por sorpresa a los propios vaticanos, aunque ninguno ha rechazado el improvisado papel.
Ello obliga a preguntarse qué tan sorprendente fue el asunto, a sabiendas que mediante el Opus Dei existe una línea de comunicación directa entre la Casa de Nariño y los representantes del cielo vaticano. Pero si en verdad fuera sorpresiva la designación, valdría preguntarse por qué los representantes del Vaticano han aceptado ejercer una misión para la cual no habrían sido consultados previamente.
La respuesta a este galimatías propio de las relaciones Iglesia–Estado en los países catolizados, descansaría en el hecho de que el Vaticano y la Iglesia católica son dos caras de un mismo jugador político. El primero, porque en su calidad de aparato diplomático sui géneris preside por “derecho propio” los cuerpos diplomáticos de los países donde funge como tal, sin que haya manera de llamarle a cuentas dada su “estirpe celestial”. La segunda, porque es el aparato religioso donde se esconde el Vaticano para evadir alguna responsabilidad por los errores políticos que comete debido a que los sacerdotes “sólo le rinden cuentas a Dios”.
El juego hasta ahora ha sido gana-gana para los obispos, porque alguna de sus dos cabezas le sirve de escondite a la otra para evadir toda responsabilidad. Y ha sido pierde-pierde para las sociedades que se dicen “arropadas” por las sotanas vaticanas, porque no ha sido posible que los obispos respondan civilmente por alguno de los estropicios que han producido y siguen produciendo en las sociedades donde juegan al tiempo como actores políticos que dicen pastorear las almas.
Este es, pues, el talante del mediador “internacional” que ha elegido el ciudadano adherente del Opus Dei que preside a Colombia desde la Casa de Nariño. Como se puede apreciar, un garante poco transparente, recurrentemente habilitado para no responder por lo que hace, ocupado sólo en proteger sus propios intereses de clase.
Bernardo Congote. Bogotá.
Lluvias
Llegó el verano, pero volverán las lluvias como las oscuras golondrinas de Bécquer a inundar poblaciones y plantíos; volverán también los damnificados y las lamentaciones, pero para estos problemas no se ha empezado a hacer ninguna corrección. Sugiero dos líneas de acción inmediatas y permanentes: dragar los ríos, solución costosa pero efectiva, ya que los lechos de los mismos se han ido llenando con la erosión de los campos y cuando llega la lluvia no cabe el agua en sus cauces; la segunda solución, construir reservorios de agua (lagunas) para almacenar la escorrentía que va a ríos y quebradas, disminuyendo el caudal que desemboca en éstos. El agua almacenada serviría para regadío en los veranos y fomentar la industria piscícola, entre otros usos.
Mario Mejía Jaramillo. Medellín.
A jugar sin baterías
Muy pertinente para estos tiempos el artículo publicado el pasado domingo 11 de enero en la sección Vivir, me parece oportuno agregar que los niños deben tener mayor encuentro con juegos que creen habilidades y destrezas a nivel físico y emocional , no solamente formar seres con astucia para manejar aparatos eléctricos, electrónicos y digitales; existen otras formas como juegos que fomenten la pronunciación, juegos que hagan mover diferentes partes del cuerpo y, lo mejor, no necesitan gastar dinero en comprar ningún objeto.
Érika Farias B. Bogotá.
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