La vivienda representa sin duda el mayor logro de una familia o individuo como construcción de hogar y de estructura social.
De esta manera, la calidad de la vivienda que uno habite, posea o arriende, como consolidación de propiedad o como ejercicio financiero, depende de la cotidianidad y cómo ésta se articula a una estructura urbana o rural y se conecta al mínimo básico requerido en cuanto a servicios públicos, movilidad, educación, trabajo, salud y recreación. Todas variables con igual valor y cuyo equilibrio define la calidad de la vivienda.
Pero más allá de la calidad de la vivienda, la más grande preocupación del gobierno nacional, distrital y de los gremios asociados al negocio inmobiliario está en el déficit tanto cuantitativo como cualitativo. Es por esto que el gran propósito nacional y distrital es cerrar esa brecha prioritariamente en los estratos que más lo necesitan, vivienda VIP y VIS. Es aquí donde se deben priorizar los recursos.
En un país donde el déficit cuantitativo ronda en 1.400.000 unidades y donde históricamente se han logrado construir un máximo de 170.000 al año, el propósito del gobierno nacional es ambicioso pues pretende en el cuatrienio llegar al millón, lo que equivale a superar en un 38% el tope histórico. Para lograr ese compromiso se requieren subsidios, suelo útil urbanizable, trámites expeditos, precios estables de insumos y de crédito que hagan asequible la vivienda, así como excelencia en el diseño urbano y en su compromiso social, siendo económicamente rentable y ambientalmente sostenible.
Sin duda se está presentando una coyuntura económica e histórica en Colombia, con un crecimiento sostenido promedio del P.I.B al 4.1% en los últimos 10 años, calificación de grado de inversión, record de inversión extranjera directa, así como de exportaciones, disminución del desempleo a un dígito en algunas ciudades, firma de los tratados de libre comercio con 9 países y regiones, así como ser el cuarto tamaño de economía en América Latina después de Brasil, México y Argentina.
Todas estas realidades e indicadores en el segundo año presidencial así como el inicio de nuevas administraciones en ciudades y departamentos, son la oportunidad histórica de capitalizar el buen momento de la economía y dirigir los mayores esfuerzos en la construcción de grandes proyectos urbanos que de manera equilibrada permitan mitigar el monumental déficit en número y calidad de viviendas en Colombia. Sería una torpeza no sacar provecho de toda esta “bonanza” y lograr consolidar los próximos años como la gran oportunidad de la V.I.P.
Andrés Arango, presidente de la constructora Ospinas.