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Y entonces, ¿cuál es la alternativa?

05 de enero de 2009 - 06:47 p. m.

FRENTE A LAS NUEVAS POSIBILIDAdes de que las Farc liberen seis secuestrados, el Gobierno se ha venido lanza en ristre contra todos aquellos vinculados a este proceso; obviamente contra las Farc, contra Piedad Córdoba, contra los intelectuales de la famosa carta, contra Chávez y su posible asociación a estas liberaciones y, contra cualquiera que pudiese tener protagonismo en este nuevo episodio, olvidando por completo que aquí lo importante son esas seis personas que han estado enterradas en vida.

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No se sabe quién ha tenido expresiones más fuertes, si el señor presidente Uribe, su Comisionado de Paz o el Ministro de Defensa. Todos han dicho que es una trampa, que quieren poner contra la pared al Gobierno, que es para darle oxígeno político a Piedad. En fin, no han escatimado descalificativos.

El país debe dejar a un lado esta terrible polarización que divide la sociedad colombiana entre uribistas y no uribistas para mirar objetivamente este delicado tema. No obstante que 2008 fue el año de las liberaciones de secuestrados y que el Gobierno obtuvo reconocidos éxitos, la verdad es que el año 2009 empieza con miles de secuestrados muriendo lentamente en la selva. No son tan famosos ni tan importantes como muchos de los que lograron su libertad, pero no sólo son seres humanos sino que, también, es responsabilidad del Estado el que logren salir vivos de esa penosa situación. Más aún, si este Gobierno tuviera claro que su verdadero mandato está dirigido precisamente a responder por los más débiles, hoy debería estar más ocupado que nunca en buscarle salidas a esta tragedia. Desafortunadamente no es así y por ello, ante la falta de alternativas gubernamentales, es a la sociedad colombiana a la que corresponde plantear las preguntas claras.  

En vez de estar descalificando a todo el mundo y de haberse quedado quietos después de la Operación Jaque, lo que el Ministro de Defensa y el señor presidente Uribe deberían haber hecho hace mucho tiempo es tener una fórmula lista, que no necesariamente debería ser pública, para liberar a todos los secuestrados que quedan. Con ello, no sólo estarían respondiendo adecuadamente a sus verdaderas obligaciones sino que tendrían autoridad moral para desautorizar cualquier operación que estuviera por fuera de su ámbito de acción. Pero precisamente por haber manejado con desidia este drama de miles de colombianos, ya son varias las ocasiones en que se ven acorralados por la acción de otros protagonistas. Sin embargo, no aprenden la lección y menos que todos, el Ministro de Defensa, quien no se considera el personaje del año sino el de la historia colombiana. La inmodestia de este gobierno se está convirtiendo en una verdadera limitación para resolver muchas tragedias nacionales. Hace mucha falta una visita del ex presidente Ricardo Lagos que después de salir de la presidencia de Chile con un reconocimiento altísimo, vino a Colombia y, en su charla, reconoció primero y con humildad todos sus errores y los de su gobierno y, después, habló sobre sus innegables aciertos.

En el tema de la seguridad democrática hace mucha falta más modestia y menos triunfalismo. Mientras haya miles de secuestrados y mientras se sigan identificando falsos positivos, ésta, la política estrella del Gobierno, está manchada, y así se lo dirá la historia, cuyos juicios son finalmente los que importan.

Mientras el Gobierno y, especialmente, el Ministro de Defensa no tengan una solución para liberar a los secuestrados, lo único que deben hacer es facilitar el proceso que permita más liberaciones así les caigan gordísimos sus protagonistas. Es importante que reconozcan que mientras no le puedan ofrecer ni al país ni a estas víctimas del conflicto ninguna alternativa, el país y las familias tienen el derecho de buscar otras salidas. Y esa falta de alternativa es la que debería ser duramente juzgada por el país si fuera realmente más solidario que uribista.

*Senadora Liberal.

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