Elegante, amplio, con 25 mesas, sobriamente decorado y ambiente tranquilo. Tiene 20 años funcionando. El dueño y chef desde hace un año es Herminio Jiménez y ahora tiene un sous-chef argentino y él no se mete tanto en la cocina.
La carta cuenta con 12 entradas con precios entre $24.000 y $35.000, más un Foie gras de oca trufado con precio de $198.000. Estas entradas son más que españolas, internacionales. Hay además de las entradas una lista de 25 tapas de $9.000 a $24.500 con jamones ibéricos, lomo embuchado y demás delicias de la “tapería” española. Los platos fuertes están en dos listas. Veintiún platos de la Península Ibérica, que es comida tradicional española y de la cocina internacional una lista de 24 platos, mucho pescado, algo de cordero, pato y res, con nada llamativo o creación de la casa. Los precios de los platos fuertes están entre $30.000 y $64.000. Hay una provocativa carta de 14 postres con precios alrededor de $15.000, todos hechos en Las Cuatro Estaciones.
Nos inclinamos por la comida española. Como entrada pedimos pimientos del piquillo riojanos rellenos de brandada de bacalao con salsa de pimentón. Los pimientos del piquillo tienen denominación de origen de Lodosa, Navarra. Estaban muy buenos, pero lástima que la brandada, que es simplemente bacalao con papa, le faltaba calidad para llegar a como debe ser. También pedimos corazones de alcachofa rellenos de espinaca y gratinados con queso gruyére. Las alcachofas estaban pasadas de limón (en la cocción siempre se les pone un poco para que no se pongan negras), el gratinado bueno. Chicharrones de calamar son un intento de calamares a la romana, acompañados de una rica salsa de tomates crudos con crema agria, pero el apanado no era muy fino ni lo que esperábamos. Entre las entradas y platos fuertes nos ofrecieron un sorbete de mandarina con un poco de vodka. El efecto de dividir en dos la comida es agradable. Como platos fuertes pedimos arroz negro con calamares en su tinta, uno de sus platos estrella. La tinta de calamares estaba en la cantidad precisa, pues si se exagera queda empalagoso. Es bueno. El otro plato fuerte fue rabo de toro al vino tinto y jerez. Es la receta tradicional española con vino, clavo y nuez moscada: estaba muy bien preparada. Bife de chorizo asado en fogón de leña. El punto de cocción estaba bien, pero creo que el ahumado se hizo más con “humo líquido” que con leña. Además, no era un pedazo homogéneo, tenía partes duras y partes tiernas. El corte no era sólo bife de chorizo como ofrecieron. Esto no se espera de un buen restaurante. Los postres estaban excelentes. Pedimos Manzana al horno con queso crema y agraz. La manzana pochada en una mezcla de vino tinto, canela y clavo. El queso crema con el agraz es un verdadero acierto. Otro postre fue rollos de pasta phyllo rellenos de flan de queso manchego y dulce de membrillo, con un poco de helado de vainilla hecho en casa. Riquísimo y el dulce bien medido.
La comida tuvo altibajos. Por los precios y la elegancia del sitio se espera buena gastronomía y nos encontramos con una comida de culinaria más bien mediocre exceptuando los postres que son muy buenos.
Carrera 8A N° 98-38. Tel.: 691 2602