Hace año y medio se inauguró en la Ciudad Amurallada en un patio bonito y bien arreglado con una cocina abierta al fondo que cuenta con diez mesas.
Hace año y medio se inauguró en la Ciudad Amurallada en un patio bonito y bien arreglado con una cocina abierta al fondo que cuenta con diez mesas. Es de una pareja, un francés que es el chef y una cartagenera que hace de Maître. Ambos hacen muy bien su oficio.
La carta es de comida francesa con un toque de comida del Norte de África, lo cual no es extraño en la cocina de pequeños restaurantes en París. Ofrece “platos completos”, es decir, en los cuales cada uno de sus componentes es hecho con esmero culinario para brindar una obra gastronómica armoniosa. El menú es original. Tiene ocho entradas con precios de entre $11.000 y $15.000. Siete platos de mar con precios entre $24.000 y $33.000. Un menú del día con nueve delicias y precios de $15.000 a $17.000, o sea, precios muy buenos en Cartagena en un restaurante de calidad.
Empezamos con “terrine de campagne”, hecha con hígado y otros cortes de cerdo. Venía muy bien acompañada con un rico chutney de mango. Otra entrada fue el “pulpo salteado” con una salsa resultado de un deglasé al vinagre y con un confit de tomate. La tercera y gloriosa entrada fue “boudin blanc”, una salchicha blanca hecha en casa acompañada con manzana picada y cocida con mostaza Dijon. Las tres entradas estuvieron exquisitas, pero para mi gusto la “budín” se robó el show y es algo que se encuentra en los restaurantes franceses, pero es nuevo en el medio. Como platos fuertes pedimos “sopa de pescado”, que era una especie de bisque de langostinos y pescado con curry, acompañada con arroz cremoso. La acogida de esta sopa fue muy buena. El “atún con tapenade” es un pedazo de atún fresco puesto en la plancha unos segundos por lado y lado con la tapenade (salsa de anchoa y aceitunas negras con otras cositas), muy bien hecha.
En realidad este fue el plato estrella del día. La ensalada de verdes que lo acompañaba también era notable. Musaka, el conocido plato de berenjena y carnes de Grecia y el Norte de África, con arroz cremoso, también estuvo sobresaliente. Hachis parmentier, carne (jarrete y paleta) desmechada, cubierta con puré de papa criolla, me pareció apenas aceptable. Corvina en blanquet: era una corvina fresca cocida en caldo corto y con salsita bechamel, tal como la tradicional ternera, acompañada de un delicioso “arroz cremoso” con queso parmesano con vegetales. Este plato competía en calidad gastronómica con el atún. De postre nos deleitamos con “crumble de manzana”, una tartaleta acompañada de ricota batida a una consistencia cremosa muy buena. El otro postre era realmente algo exótico y delicioso, una berenjena confitada en almíbar con uchuvas, un postre diferente y muy bueno.
Se come bien en Oh La La. Hay creatividad en la carta y esmero culinario en la ejecución.
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