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Bogotá/París

10 de octubre de 2016 - 09:00 p. m.

A la movilización estudiantil de Bogotá se sumó también la de París.

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El miércoles pasado se reunieron entre 200 y 300 personas en la Plaza de la República, en el centro parisino, para exigir respeto por los acuerdos de paz y la terminación definitiva de la guerra.

La reunión, que no fue convocada por ningún partido político, contó con la participación mayoritaria de estudiantes de maestría y doctorado favorables al sí, que se unieron en una manifestación espontánea para expresar su apoyo a la paz. Espontánea, más no improvisada, porque desde hacía varias semanas se estaban realizando reuniones en universidades y cafés para evaluar los resultados de las negociaciones y explicar los puntos principales de los acuerdos. El lunes pasado, cuando se conocieron los resultados del plebiscito, en las redes sociales empezaron a circular mensajes para proponer un punto de encuentro y respaldar desde París la manifestación que se estaba convocando en Bogotá.

Lo que se vivió en la Plaza de la República fue un espacio de diálogo y pedagogía política, donde los colombianos se reunieron para ejercer esa delicada y exigente actividad que consiste en intercambiar puntos de vista basados en argumentos, sin ‘verraquera’ pero con firmeza, sin agresión pero con convicción, un arte de la palabra que no se basa en el miedo y la desinformación, sino en el intercambio de ideas y contenidos concretos y eso, sólo eso, constituye una guía de conducta que oponer a una « estrategia centrada en dejar de explicar los acuerdos y basada en la indignación ».

Para los asistentes a la reunión del miércoles, los días previos estuvieron llenos de preguntas: las que se formulaban desde la distancia sobre un ambiente político de incertidumbre y temor por el fracaso del proceso, pero también todas esas que amigos, conocidos y compañeros de trabajo franceses y de otros lugares del mundo les hicieron sobre el significado del voto por el sí, sobre Alvaro Uribe, sobre la posibilidad de que el presidente Santos recibiera el Nobel de la paz, sobre el desconcierto y la incomprensión que dejó un país que le votó no a un acuerdo para poner fin a una larga noche de muerte y dolor. Como me lo confesó uno de los asistentes a la movilización, en ese esfuerzo por encontrar respuestas que se conjugaban con la vida personal, con los recuerdos y con las historias trágicas y heroicas, se fueron desentrañando las raíces del conflicto colombiano, su evolución, sus muchos matices y su terminología propia. No hubo respuestas objetivas porque al fin de cuentas la guerra ha afectado a todos los colombianos.

La lección de los jóvenes para las viejas y las nuevas generaciones es contundente. En Bogotá y París no se atizaron los odios ni se sirvieron los intereses de un caudillo. No se buscó la responsabilidad de uno u otro personaje del espectro político del país ni se gritaron arengas de apoyo o rechazo a los actores del conflicto. Se exigió que se dé una respuesta pronta al impace que están viviendo las negociaciones, sin triquiñuelas y sin jugar con un asunto de tan alta importancia como la paz de los colombianos. Es una lección llena de grandeza, de decencia y de esa sensatez joven que tanta falta le hace a la política.

La movilización ciudadana dentro y fuera del país debe continuar para comprometer a todas las fuerzas políticas a establecer un pacto nacional o apoyar las facultades constitucionales  que le permiten a la función presidencial reformular y ratificar el acuerdo. Hay que continuar.

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