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El canal de Nicaragua (I)

07 de marzo de 2016 - 09:00 p. m.

La política exterior china puede ayudarnos a entender la decisión nicaragüense de construir un canal interoceánico.

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La hipótesis de que China está construyendo relaciones estratégicas con varios gobiernos del mundo para proteger sus intereses energéticos, comerciales y fomentar sus objetivos de defensa puede ayudarnos a entender mejor la decisión nicaragüense de atribuir la concesión del canal interoceánico al consorcio HKND (ver mi columna Un collar de perlas).

Para el gobierno nicaragüense, la construcción del canal representa la oportunidad de crear un proyecto de infraestructura que duplicará el PIB nacional (de 28.188 millones de $ a 56.736), triplicara el empleo y permitirá que para el 2018, 400.000 personas salgan de la pobreza en el país centroamericano (43% de la población se encuentra en la pobreza). A pesar de la oposición que numerosas organizaciones académicas, campesinas y ecológicas han manifestado contra del proyecto por los riesgos ambientales y sociales que conlleva, la promesa del desarrollo postergado ha inclinado la balanza del lado del presidente Ortega.

Aún no existen estudios serios que midan el impacto ambiental sobre el lago de Nicaragua, que es el primer lago de agua dulce del centro del continente y por donde pasarían los barcos; ni sobre las zonas de reserva natural del litoral este del país, como ‘Indio Maiz’ o ‘Punta Gorda’; ni tampoco sobre el efecto que la obra tendrá sobre el nivel del río San Juan, que Nicaragua debe preservar en virtud de sus tratados limítrofes con Costa Rica. Los réditos para Nicaragua parecen ser modestos si se les compara con los beneficios que China y sus empresarios obtendrán en el mediano plazo.

La adjudicación del proyecto previó que HKND maneje el canal por 100 años y hasta ahora nada parece indicar que la empresa esté obligada a realizar licitaciones para favorecer a las empresas y a la mano de obra nicas, lo cual le pone un tope a los anuncios optimistas de reducción de la tasa del desempleo y de la pobreza que Managua ha lanzado a los cuatro vientos.

No creo que HKND no posea relaciones directas con el gobierno chino, como lo ha sostenido repetidamente Wang Jing, presidente de la empresa. No lo creo después de indagar que la empresa se había desempeñado hasta antes de la adjudicación de la licitación en el sector de las comunicaciones y que de la noche a la mañana apareció liderando una de las obras de infraestructura más ambiciosas del hemisferio americano. El hecho de que a esta altura del proyecto nadie sepa de donde provienen los 50 billones de dólares que se requirieron para poner a andar el proyecto también son un argumento para desconfiar de esa afirmación.

De cualquier manera, para las empresas y el gobierno chino, la construcción del canal representa un acceso privilegiado a los mercados del Atlántico y la posibilidad de establecer una relación de fuerza con los EE.UU. en el hemisferio occidental. Por eso la decisión nicaragüense no puede entenderse sólo con base en los intereses defendidos por Managua, sino que requiere de una lectura global que conjugue la proyección de la economía china en América y el mundo entero.
 

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