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El canal de Nicaragua (II)

14 de marzo de 2016 - 09:00 p. m.

El canal de Nicaragua transformará el panorama geoestratégico del Caribe y del Atlántico como lo hizo el Canal de Panamá.

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El canal de Nicaragua es una manera de fisurar el Partenariado estratégico y económico transpacífico (TPP) impulsado por los EE.UU., un ambicioso acuerdo comercial que excluyó deliberadamente a China y reunió a una diversidad de países de América, Asia y Oceanía para limitar el crecimiento militar y económico de la república popular en las próximas tres décadas.

Tal como Hillary Clinton lo señaló en un artículo publicado por Foreing Policy en 2011 (America’s Pacific Century), los Estados de la cuenca del Asia-Pacífico tendrán el papel privilegiado en la conducción de los asuntos económicos y políticos mundiales en el siglo XXI. Para mantener mayor liderazgo en la región, los EE.UU. pusieron en práctica una estrategia con dos objetivos: por un lado, establecer alianza comerciales y militares con un conjunto de países entre los que se hallan Australia, Filipinas, Corea del Sur y Japón; y por otro, circunscribir por diversas vías el desarrollo económico chino y contener su influencia política. Sin embargo, para China, el juego está en evitar la eficacia de programas como el TPP, y de paso, abrirse espacios en países donde los EE.UU. gozan de poca o ninguna popularidad para establecer alianzas estratégicas. Nicaragua es uno de esos países.

La decisión de atribuir la concesión del canal a la empresa china HKND provocó duras críticas contra el gobierno del presidente Ortega, pues este adjudicó la obra sin que se realizara una licitación pública y firmó el contrato definitivo sin haberlo presentado ante la opinión pública. Lejos de cualquier transfondo conspiracionista, el sigilo con el que se ha manejado la operación hasta hoy es más que necesario si se piensa en todo lo que está en juego…

El canal implica una reorganización territorial y administrativa de una parte considerable de Nicaragua, que el gobierno desea ocultar debido a la fuerte oposición que el proyecto ha despertado entre los pequeños propietarios del este del país; también es una apuesta del presidente Ortega y de su partido, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), para crear una imagen de prosperidad económica y preparar las elecciones presidenciales, legislativas y municipales de noviembre de este año; el canal es un paso de los empresarios chinos para continuar patrocinando grandes inversiones en el hemisferio americano como las que ya se hicieron en Jamaica, México, Venezuela, Costa Rica, Perú y Brasil, y en fin, es una herramienta que en el largo plazo le permitirá a China oponerse a la hegemonía de los EE.UU. en el Asia-Pacífico.

Durante más de una década, Pékin ha venido trabajando con varios gobiernos latino-americanos y ha empezado a adquirir una experiencia de negociación y gestión en la región que antes no tenía. Los objetivos, como lo dije la semana pasada, son establecer su propio sistema de alianzas, garantizar la fluidez comercial de sus empresas y la movilidad de su flota naval.

Nada se ha dicho hasta ahora sobre cláusulas de neutralidad que restrinjan el paso de navíos de guerra por el futuro canal, ni de los efectos que va a tener el nuevo conducto sobre los países centro-americanos, pero lo que es seguro es que el canal de Nicaragua transformará sustancialmente el panorama geoestratégico del Caribe y del Atlántico, tanto como lo hizo el Canal de Panamá en 1914, cuando se inauguró el tránsito interoceánico.
 

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