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‘Grexit’

25 de mayo de 2015 - 09:46 p. m.

Se ha empezado a hablar del Grexit, la salida de Grecia de la zona monetaria europea.

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El escepticismo sobre la firma de un acuerdo viable que ponga fin a la crisis griega resurge tras meses de negociaciones que no han llegado a ninguna parte.
La posición griega en la mesa se basa en el programa económico de Syriza, el partido de izquierda que llevó a Tzipras al poder en enero pasado. El programa contempla la reestructuración de la deuda griega y el fin de los planes de austeridad a los que se sometió al país en los últimos cinco años, dos puntos que el resto de los negociadores no parecen dispuestos a aceptar.

El Banco central europeo (que le prestó a Atenas 25 millardos de euros), hace todo lo posible para no aparecer en la primera fila de la negociación. Favorecer a quien se niega a pagar sus deudas es una posición insostenible para un banco. Además, convertirse en el responsable de la permanencia o de la salida griega de Europa es una responsabilidad demasiado importante que no le interesa aceptar. Por otro lado, el Fondo monetario internacional, que también hace parte de la mesa, le exige a Tzipras exactamente lo contrario de lo que este puede ofrecer: el pago de los 32 millardos de euros que le prestó a sus antecesores y un paquete de reformas basado en la austeridad.

La Comisión europea (CE), que representa los intereses de los países que prestaron en los últimos años 53 millardos de euros a los Griegos, defiende a capa y espada la integridad del proyecto europeo y la validez de los tratados que lo rigen, pero por ahora no está claro hasta dónde está dispuesta a ceder para favorecer la permanencia de Grecia en la unión. Varias fuentes coinciden en señalar que es el único actor que se expresa en tono conciliador en la negociación.

Que sólo uno de cuatro negociadores se exprese abiertamente a favor de la integridad de Europa explica la inquietud que hay frente a la probable salida griega de la zona monetaria. Syriza no sólo contempló esa posibilidad durante toda su campaña electoral, sino que después de su triunfo, continuó ventilándola en caso de que no se lograra establecer un acuerdo que respetara sus exigencias y las de sus electores.

Hace algunos días, en una sesión del parlamento griego, el portavoz de Syriza anunció que Grecia no podrá cancelar en junio 302 millones de euros que adeuda al FMI. La noticia manifiesta la determinación de renegociar la deuda y de paso le permite al gobierno de Tzipiras medir hasta dónde va a ir el respaldo de la Comisión europea, ahora que la negociación entra en la recta final.

El ‘Grexit’ también va a depender de la posición del gobierno alemán. No obstante, el ministro de finanzas W. Schäuble, quien se mostró optimista al inicio de las negociaciones, declaró en una entrevista reciente que pensará dos veces antes de repetir que se podrá encontrar una solución viable para Europa y para Grecia.
El Grexit sería la primera gran derrota de Europa, y visto en un nivel más amplio, tendría un efecto geopolítico de gran alcance porque debilitaría las fronteras europeas, justo en un momento de redefinición de los espacios de influencia en Europa y el Mediterráneo orientales.

Tzipras no parece ser el hombre llamado a ceder en la negociación, pero para que Grecia siga siendo europea alguien va a tener que hacerlo.

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