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Debate necesario

22 de noviembre de 2011 - 06:00 p. m.

«Legalize it, don’t criticize it. Legalize it and I will advertise it». Peter Tosh, 1976 «Si el mundo piensa que la legalización es la solución, le daré la bienvenida. No estoy en contra». Con esas sencillas palabras, el presidente Santos aprovechó su visita al Viejo Continente para abrir un debate necesario.

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La gracia no fue tanto lo que dijo, sino quién lo dijo. Ya hace años lo había cantado Peter Tosh, exintegrante de los Wailers de Bob Marley. En el mundo académico, el debate sobre la legalización es de vieja data. Más recientemente, algunos expresidentes y hasta un exsecretario general de la ONU la habían recomendado. Pero, como bien lo señaló Antonio Caballero, es la primera vez que un presidente en ejercicio se atreve a plantearlo. Y para rematar, ese presidente en ejercicio es el de Colombia.

Ningún país del mundo se ha comprometido más a fondo con la política actual de prohibición de las drogas, originada en EE.UU. y adoptada por la inmensa mayoría del mundo, que Colombia. Nuestra policía antinarcóticos todos los años es campeona mundial en toneladas incautadas, laboratorios quemados y capos muertos, arrestados o extraditados.

De lejos, Colombia ha puesto más vidas, le ha dedicado la mayor proporción de recursos y ha padecido el más profundo deterioro de sus instituciones por cuenta del narcotráfico, aunque últimamente México y Centroamérica empiezan a competir. Por tanto, Colombia es el principal testigo del fracaso rotundo de la llamada “guerra contra las drogas”. Sin embargo, el debate sobre la política antidrogas no debe centrarse exclusivamente en la evidencia contundente de su incapacidad de detener el tráfico y uso de las drogas. Debe reconocer las complejidades sociales y culturales del mundo contemporáneo y entender esos comportamientos como un asunto de salud pública.

El mejor ejemplo del éxito de políticas alternativas frente al uso de sustancias nocivas es el tabaco. Su uso ha disminuido en muchos países de manera significativa, no metiendo a los fumadores en la cárcel, sino con campañas de educación y disuasión. Durante casi cuatro décadas, Holanda ha desafiado al resto del mundo, permitiendo la venta y consumo de marihuana y hachís en los coffee-shops. Hoy reporta niveles de uso y abuso de drogas por debajo del promedio europeo, demostrando que una política de tolerancia no necesariamente conduce al uso masivo. Por su parte, Portugal lleva diez años de despenalización, incluso de las llamadas “drogas duras” como cocaína y heroína. Si bien se registró un aumento inicial en los problemas relacionados con las drogas, hoy existe un amplio consenso sobre las beneficios del nuevo enfoque.

Debemos ser conscientes de que el narcotráfico no es la causa única de nuestros problemas como nación. La desigualdad social y la exclusión política son muy anteriores. El narco exacerbó la violencia, pero no la creó. Pero es innegable que un viraje en la política mundial frente a la legalización responsable de las drogas nos permitiría dedicarnos a resolver los problemas históricos. ¡Bienvenido el debate!

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