CIEN AÑOS NO SE CUMPLEN TODOS los días. Por ello, El Tiempo tiró la casa por la ventana. Como nieto de quien lo dirigió durante 42 años, la celebración tenía para mi familia un sentido muy especial.
Reviví las visitas guiadas por mi abuelo a las viejas e impresionantes imprentas y recordé sus relatos sobre la quema del periódico por las hordas laureanistas, el cierre por la dictadura de Rojas en represalia por su postura desafiante frente a la censura, su profundo cariño y admiración por don Eduardo Santos y el gran orgullo que sentía por haber promovido a tres jóvenes rebeldes: Daniel Samper, Luis Carlos Galán y Enriquito Santos. Los debates con mi abuelo, defensor a ultranza del Frente Nacional, fueron mis primeras cátedras en la cruda realidad nacional y por su culpa, me enamoré de este país y me envenené de la pasión por la política, la historia y las ideas. Por todo eso, alquilé el esmoquin exigido y me fui con varios miembros de mi familia a festejar los 100 años. El despliegue fue impresionante. El Jardín Botánico, irreconocible. El discurso del presidente Santos exaltó la libertad, el respeto a las instituciones y la reconciliación; todos, a mi entender, indirectazos a Uribe y lo aplaudí. Un excelente grupo de jazz tocó mientras comíamos unos platos exquisitos. De pronto, apareció Juanes en escena y se fajó. Después, Miguel Bosé, quien confesó que él, siendo de “izquierdas”, no había tenido mucho éxito en sus discusiones políticas con la familia Santos, que son de “derechas”. Y Carlos Vives demostró una vez más por qué es el más colombiano de todas nuestras estrellas. Fue, sin duda, un rumbononón. Sentí varios guayabos. Pese a haber dirigido el periódico durante el 42% de su existencia, el nombre de Roberto García-Peña fue mencionado tan sólo una vez en toda la noche. Afortunadamente, Roberto Pombo fue muy elogioso y su frase fue acompañada por un sentido aplauso, motivado por los periodistas, según me comentó Darío Restrepo. De mi querido primo Roberto Posada, D’Artagnán, q.e.p.d., no hubo ni una sola mención. Intenté imaginarme a mi abuelo en medio de semejante espectáculo, sentado al lado de Aznar, mirando las luces, y no pude. Esto ya es otra cosa. ¿Qué cara pondría al enterarse de que hoy el color oficial del periódico es el azul? ¿Que el dueño es Planeta y el principal socio minoritario, Luis Carlos Sarmiento, y no los Santos? Las alianzas estratégicas son una necesidad de los medios de comunicación contemporáneos y nadie puede discutir la importancia de diversificar, de ampliar audiencias, de informar pero también entretener, de ser llamativo, de vender. Pero se corre un inmenso riesgo cuando los intereses económicos o políticos priman sobre los criterios periodísticos. El cierre de la revista Cambio y la sacada de Claudia López no fueron buenas señales. Una prensa fuerte y libre es fundamental para la democracia. Ojalá, en estas nuevas épocas cambiantes, llenas de retos y desafíos, El Tiempo no olvide sus raíces y valores originales. Por fortuna para Colombia, aún cuenta con mucha gente muy valiosa, profesional e independiente. danielgarciapena@hotmail.comtwitter: @danigarciapena