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Libertad para Carlos Arturo Velandia

18 de julio de 2016 - 11:33 p. m.

Conocí a Carlos Arturo Velandia en 1994.

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En ese entonces, utilizaba su nom de guerre, Felipe Torres. Siendo yo asesor del Alto Comisionado de Paz, lo visité recién detenido. Encontré un hombre muy inteligente y firme en sus convicciones. Pronto después, fue designado vocero por el ELN, junto con Francisco Galán. Durante los siguientes cuatro años trabajamos juntos, desde orillas opuestas, buscando salidas a la guerra.

En alguna ocasión, llegué temprano. Al acercarme a su celda, escuché música a todo taco. Creo que eran los Doors, unos de mis preferidos. Confesó ser un roquero de vieja data y me contó de la lucha que le había tocado librar en la guerrilla contra la prohibición de la música considerada imperialista.

Construimos una relación basada en el respeto. Aprendí mucho de sus reflexiones, siempre agudas y pertinentes. Con el tiempo lo vi afianzándose como un convencido del diálogo y la solución política.

En 2003, recobró la libertad, con pena cumplida. Desde ese entonces, se ha dedicado a trabajar por la paz. Hasta el entonces presidente Uribe lo buscó para hablar del tema. Estuvo siete años en el exilio y estudió resolución de conflictos. Ha escrito tres libros consagrados a la paz.

Su lucha no ha sido fácil. Un hermano suyo fue desaparecido. Sus críticas a la guerra lo distanciaron de la organización, de la cual fue expulsado.

Hace un mes, Carlos Arturo fue detenido y encanado injustamente en cumplimiento de una orden de captura por homicidio y secuestro extorsivo.

No había sido notificado, una flagrante violación al debido proceso. La Fiscalía tardó 17 años para emitir la orden de captura. Pero lo más grave es que los delitos fueron cometidos cuando Carlos Arturo estaba detenido, con todas sus comunicaciones controladas. Es materialmente imposible que hubiera tenido algo que ver.

El haber sido integrante de la Dirección Nacional del ELN en el momento de los hechos tampoco lo inculpa. El artículo 28 del Estatuto de Roma establece que el superior será penalmente responsable cuando los crímenes están bajo su responsabilidad y control efectivo, hubiere tenido conocimiento o deliberadamente hubiere hecho caso omiso o no hubiere adoptado todas las medidas necesarias para prevenirlos.

Nada de esto aplica al caso de Carlos Arturo. Al contrario, según lo reportó El Tiempo el 11 de junio de 1999, en una conversación interceptada por organismos de seguridad, le cuestionaba a Gabino los secuestros por los que ahora lo acusan.

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El hecho de que Carlos Arturo lleve un mes tras las rejas no es sólo una gran injusticia con él, sino que es un pésimo mensaje para las negociaciones con las FARC y el ELN. Por algo, Timochenko lo mencioné en su discurso el pasado 23 de junio en la Habana.

Después de su detención, varios medios informaron que el gobierno estudiaba nombrarlo “gestor de paz”, lo que le permitiría salir libre. Desconozco eso en qué va. Pero de lo que sí puedo dar fe es que, hace rato, Carlos Arturo es un de facto gestor de paz, que debe retornar a la libertad cuanto antes.

danielgarciapena@hotmail.com

 

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