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Soberana estupidez

14 de abril de 2010 - 12:21 p. m.

Como un ejercicio de soberanía para enfrentar a la principal amenaza a la seguridad nacional, así explicó el gobierno de Venezuela su reciente decisión de comprarle 5 mil millones de dólares en armas a Rusia.

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Fueron casi las mismas palabras con las cuales el gobierno de Colombia, (coma) hace unos meses, justificó su decisión de firmar el acuerdo de las bases con USA.

Por supuesto, hay diferencias. Mientras para Chávez la amenaza la constituye el "imperialismo yanqui", para Uribe es el "narcoterrorismo de las FARC". Pero el marco conceptual de argumentación de los dos es idéntico.

Y dentro de esa visión, ambos tienen razón: cada nación es soberana para decidir cuáles son sus amenazas y con quiénes firma acuerdos para enfrentarlas.

Sin embargo, tanto uno como el otro se equivocan de fondo al desconocer que hace rato la seguridad dejó de ser resorte exclusivo de cada estado, para convertirse en un asunto regional y global. El carácter transnacional de las redes del crimen organizado y del terrorismo hacen que sean inefectivos e insuficientes los esfuerzos que se realizan para combatirlas de manera aislada dentro de las fronteras de cada país.

Además, cada acción de una nación soberana en defensa de su "seguridad nacional", tiene efectos y desencadena acciones en otras naciones soberanas. Más aún cuando el principal aliado de una nación es definido como la principal amenaza por la otra. Era por tanto previsible que una decisión de Colombia -según Uribe/Santos- "soberana", produjera una reacción de la soberanía bolivariana de Chávez. Así como hoy, Colombia tiene razón en expresar sus preocupaciones por la compra de armas en Venezuela, la tuvo en su momento Venezuela al expresar sus dudas sobre las bases. Y la tiene toda América Latina para pedirle a Brasil que explique en el contexto de UNASUR, el acuerdo reciente con USA y el que firmó el año pasado con Francia.

Es paradójico y lamentable que mientras en América Latina estemos hablando de carreras armamentistas, las grandes potencias están dialogando sobre el desarme.

El nuevo Tratado START, firmado la semana pasada por USA y Rusia, constituye un paso histórico en la reducción nuclear de las dos súper-potencias poseedoras del 90% de todo el arsenal atómico en el mundo. La cumbre de 47 países realizada esta semana en Washington sobre seguridad nuclear, la más grande convocada por USA desde la citada en 1945 en San Francisco para fundar la ONU, estableció nuevos compromisos internacionales para limitar la proliferación nuclear y garantizar que armas atómicas no caigan en manos de grupos terroristas y naciones parias.

Este esfuerzo, por loable que sea, tiene la intencionalidad política de aislar a países como Irán -no invitado- que en tono desafiante ya convocó su propia contra-cumbre este sábado en Teherán. También hay gran hipocresía en que USA y Rusia sean a la vez los principales productores de armas no nucleares, las cuales venden sin limitaciones a cualquier país, como Colombia y Venezuela.

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Hoy se requiere construir un nuevo concepto de soberanía latinoamericana, comprometida esta vez con el desarme regional y global.

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