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Unasur in, USA out

18 de septiembre de 2008 - 09:06 p. m.

EL ACUERDO DE TREGUA ENTRE EL presidente Evo Morales y la oposición, tras 22 días de violencia que han cobrado 30 muertos, no sólo abre el camino hacia la solución pacífica del conflicto en Bolivia —que empezaba a mostrar señales de extenderse— sino que también constituye un triunfo de la nueva realidad suramericana y una muestra más del creciente decaimiento de USA como potencia en la región.>

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El gran ganador sin duda es la naciente Unión de Naciones de Suramérica (Unasur) que descrestó en su debut, actuando con agilidad y contundencia. La reunión de emergencia fue convocada por la mandataria chilena Michelle Bachelet, como presidenta Pro Témpore, y le asistieron los doce países, nueve de ellos representados por sus presidentes.

Por unanimidad dieron respaldo pleno al gobierno constitucional de Evo, cuyo mandato acaba de ser ratificado por amplia mayoría en el reciente referéndum. Llamaron a los actores sociales y políticos a deponer los actos de violencia antes de iniciar el diálogo y afirmaron que: “Rechazan enérgicamente y no reconocerán cualquier situación que implique un intento de golpe civil, la ruptura del orden institucional o que comprometa la integridad territorial de Bolivia”.

Si bien el texto no incluye una condena expresa a la injerencia de USA, como lo pidió el presidente Chávez al inicio, no es necesario ser experto en diplomacia internacional para entender a quién se refieren y cuáles son las implicaciones de darle un fuerte espaldarazo a un mandatario que horas antes había expulsado de su territorio al embajador gringo. Con razón, el pobre presidente Uribe no podía contener las caras de desconcierto e incomodidad de estar en el lugar equivocado, en medio de ocho presidentes de izquierda —su único compinche en la región, Alan García, no llegó—. Menos mal, sabiamente decidió pasar de agache.

Sin duda lo mejor de la cumbre presidencial, a diferencia de muchas otras, fue que tuvo efecto inmediato. A renglón seguido, Evo se sentó a la mesa de diálogo y llegó a un acuerdo con los cinco prefectos —gobernadores— opositores. Si bien no se ha resuelto el conflicto sino que se ha aplazado, sí se ha evitado la confrontación violenta y se ha encauzado el camino de la negociación. Lo cual de por sí constituye un éxito de la incipiente comunidad de naciones suramericanas, las más perjudicadas por la desestabilización de Bolivia. Como lo expresó el propio Evo: “Esta reunión de presidentes será muy importante para buscar no solamente la unidad de Bolivia sino de Suramérica”.

Pero mientras Unasur se lucía en su estreno, USA hacía el oso, propio de un imperio en decadencia. Parecía un mal chiste que, en clara retaliación, el Departamento de Estado hubiese anunciado la descertificación de Bolivia —y de una vez la de Venezuela— por sus políticas antinarcóticos. En otros tiempos, eso hubiera sido cosa gravísima. Hoy, ni fu ni fa.

Por fuerte que sigan siendo sus palabras, USA se encuentra en medio de la crisis financiera más grave en mucho tiempo, para no hablar de su desprestigio a nivel mundial y la guerra en Irak. Al propio presidente Bush, para salvar a AIG, le tocó sacar ¡85 mil millones de dólares! del bolsillo del Gobierno y quedarse con 80% de las acciones. Cualquier parecido con las nacionalizaciones de Evo son mera coincidencia.

danielgarciapena@hotmail.com

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